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Diario Expreso Ecuador

Nadie nos va a defender

Ningún país rescata a quien no se defiende solo, por eso Ecuador debe fortalecer sus Fuerzas Armadas ante el crimen organizado y aprender de su historia

La parada de carro a los peruanos en el 81 y en el 95 se hizo con nuestras propias fuerzas, sin mendigarle nada a nadie.

La parada de carro a los peruanos en el 81 y en el 95 se hizo con nuestras propias fuerzas, sin mendigarle nada a nadie.Archivo Expreso

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Nadie sacrifica a sus soldados y sus medios bélicos para ayudar y, peor aún, proteger a un incapaz que no se puede defender solo. Solo los ecuatorianos podemos creer en semejante patraña, que no pasa de ser un cruel sueño de perro. Ucrania es el ejemplo cercano: en febrero de 2022 los gobiernos europeos no ofrecían ayuda sino asilo a Zelenski, pero como los propios ucranianos frenan la invasión y destruyen las columnas rusas que se dirigían a la capital, devastando todo a su paso (llevando uniformes de gala para el “desfile de la victoria”), la ayuda comience a fluir, pero sin comprometer a las fuerzas militares de la OTAN. Hoy Ucrania construye su propio armamento, con el que ataca incluso Moscú. Haití es el paradigma de que eliminar las Fuerzas Armadas, como hicieron en 1995 es el camino para perder el dominio territorial: no son el gobierno y la ley haitiana los que deciden en el país, sino los jefes de las pandillas que se enfrentan entre sí para aumentar sus zonas de ocupación. ¿Ayuda? Ninguna que no sea algún sarcasmo.

Defendernos nosotros mismos para que nos quieran ayudar

Es que no estamos en conflicto con nadie y, por tanto, no hace falta tener Fuerzas Armadas no desarmadas. Esa creencia refleja ignorancia de nuestra propia historia: en 1936 firmábamos el Acta de Lima (el ‘Statu Quo’) por el que, pese a no comprometer las aspiraciones territoriales nuestras (hasta Iquitos) y las peruanas (todo el Oriente), sí establecía el respeto a las posiciones que, de hecho, tenían ambas naciones (unos 13.500 km² más de los que, luego, nos quedó con el Protocolo del 42). Así, nos dimos el lujo de que nuestro Ejército no tenga blindados ni artillería, de carecer de aviación y de tener unos buques del siglo XIX (el cañonero Calderón, era de 1884), por lo que, iniciadas las acciones en julio de 1941, frente a los tanques y la aviación peruana, solo pudimos sacrificar a un millar y medio de soldados mal armados, frente a contingentes muy superiores. Es que nada podía pasar porque había el ‘Statu Quo’… La parada de carro a los peruanos en el 81 y en el 95 se hizo con nuestras propias fuerzas, sin mendigarle nada a nadie.

¿Vamos a seguir pensando que la lucha contra los GDO se hace sin armas y esperando que vengan los estadounidenses u otros a hacer lo que nosotros no? Para que nos ayuden, primero, debemos ayudarnos nosotros mismos.

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