La verdadera amenaza contra la OTAN
La respuesta de varios gobiernos de la OTAN a la campaña militar de Israel en Gaza evidenció una creciente distancia entre los principios declarados

La OTAN enfrenta debates internos sobre su papel en el nuevo orden mundial.
La OTAN enfrenta un desafío más profundo que Rusia o China: la pérdida de una visión compartida sobre los valores, el orden económico, la estrategia geopolítica y los principios jurídicos que dieron origen a la alianza.
Toda alianza militar necesita responder una pregunta fundamental: ¿qué defiende? Sin una respuesta común, corre el riesgo de definirse por sus adversarios en lugar de por un propósito propio.
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Cuando la OTAN nació en 1949, su misión era proteger el “mundo libre” frente al expansionismo soviético y preservar un orden internacional basado en cuatro pilares: democracia, apertura económica, liderazgo occidental y respeto al derecho internacional sustentado en la Carta de las Naciones Unidas.
Gaza y el debate sobre el derecho internacional
Hoy esos pilares están debilitados. El retroceso democrático y el auge del autoritarismo afectan la identidad política de la alianza. Su legitimidad depende no solo de su poder militar, sino también de que sus miembros representen los valores que proclaman.
La respuesta de varios gobiernos de la OTAN a la campaña militar de Israel en Gaza evidenció una creciente distancia entre los principios declarados y las políticas aplicadas. Mientras tribunales internacionales investigan presuntas violaciones del derecho internacional, países como Estados Unidos mantienen su respaldo al gobierno israelí. Una alianza fundada sobre el rechazo al fascismo y al genocidio pierde credibilidad cuando aplica de forma selectiva los principios humanitarios.
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El orden económico liberal también enfrenta tensiones. Paradójicamente, parte del deterioro proviene de miembros de la propia OTAN, que han impulsado medidas proteccionistas y guerras comerciales. Al mismo tiempo, el peso de la economía mundial se ha desplazado hacia Asia, reduciendo la influencia relativa de los países de la alianza.
La identidad de la OTAN definirá su futuro
El liderazgo geopolítico también muestra límites. La experiencia en Afganistán demostró que la fuerza militar no garantiza resultados políticos. La seguridad sostenible requiere diplomacia, fortalecimiento institucional, cooperación regional y estrategias de largo plazo.
En un mundo multipolar, marcado por la competencia tecnológica, la inseguridad energética, las migraciones y la ciberguerra, la OTAN necesita complementar su capacidad militar con una visión política más amplia.
Europa enfrenta además una contradicción estratégica. Mientras Ucrania, el mar Negro y Oriente Medio conforman un foco de creciente inestabilidad, la Unión Europea mantiene excluida a Turquía, un actor clave para la seguridad regional.
También se debilita el orden jurídico internacional. Las amenazas del presidente estadounidense Donald Trump de anexar Groenlandia cuestionan el principio de integridad territorial y erosionan la credibilidad de la OTAN en la defensa del derecho internacional.
La crisis de la OTAN es, sobre todo, una crisis de identidad. Aumentar el gasto militar no bastará para fortalecerla. La alianza necesita renovar su compromiso con la democracia, los derechos humanos y el derecho internacional, además de adaptar su estrategia a un mundo en transformación. Su futuro dependerá menos de las amenazas externas que de su capacidad para redefinir qué representa y qué está dispuesta a defender.