Teoría sobre el bobo y el astuto
La llegada de José Serrano buscó generar impacto político, pero la polémica con Gisella Bayona terminó cambiando el foco y golpeando al Gobierno

José Serrano llegó a Ecuador en medio de un operativo que generó amplio impacto político y mediático.
De poca duración resultó ser el espectáculo de la llegada de José Serrano, ideado y construido para dar un soplo de popularidad al Gobierno. Todo iba de mil maravillas y parecía que la opinión pública ya había olvidado, o al menos puesto en segundo plano, temas tan incómodos como el negociado de Progen, la falta de medicinas o la apocalíptica violencia criminal, al menos no como juraron que iba a disminuir quienes llegaron al poder.
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Pero la luna de miel se acabó porque algún bobo, allá arriba, pensó que arremeter contra Gisella Bayona iba a ser una anécdota más y que, con tal de callarla, no importaba mandar al demonio los escrúpulos.
Porque en todo Gobierno, en cualquier lugar del mundo y en cualquier época, hay bobos y astutos. Los astutos son los que idean operativos como, por ejemplo, el de Serrano. Los bobos, en cambio, son los que borran con el codo lo que los astutos hacen con la mano. Son aquellos que, por su mentalidad de matón de barrio y ‘bully’ de colegio, creen que los escrúpulos, la ética y la calidad humana son apenas detalles que hay que ignorar si es que está en juego algo que para ellos es lo más importante como, por ejemplo, callar a los que no piensan como ellos.
Bobos perversos como esos son los que idearon el operativo contra Bayona y los que han ideado lo mismo contra todos aquellos otros periodistas que han perdido su trabajo por el simple delito de pensar distinto. Un operativo que, para colmo, terminó mal porque son tan bobos sus ideólogos que recurrieron a mentiras groseras y perversas para asesinar la reputación de la periodista.
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Mentiras perversas que, a las pocas horas, una verificadora de noticias halló que eran falsas. Fue en ese momento cuando el tema fue haciéndose grande, y mucho más grande se hizo cuando la periodista anunció que se retiraba del oficio, atribuyéndole la victoria al presidente.
Y así fue como el espectáculo de José Serrano se apagó. La campaña contra la periodista resultó ser tan efectiva para opacar lo que estaba pasando con ese siniestro personaje del correísmo como efectivo fue el espectáculo de Serrano para opacar los otros temas incómodos para el Gobierno.
Los choques entre bobos y astutos ocurren en todo el mundo y en toda época, pero resulta que ahí donde se imponen los bobos perversos es donde reina el autoritarismo.