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Diario Expreso Ecuador

Otro conejo de la chistera

Las alertas sobre los peligros de la inteligencia artificial buscan justificar más regulación gubernamental y proteger a grandes monopolios tecnológicos

Grandes empresarios e intervencionistas promueven regular la inteligencia artificial. Eso obstacularía la innovación tecnológica, afianzando el control estatal y los monopolios.

Grandes empresarios e intervencionistas promueven regular la inteligencia artificial. Eso obstacularía la innovación tecnológica, afianzando el control estatal y los monopolios.Archivo Expreso

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Los cuatro jinetes de la apocalíptica inteligencia artificial -que les salió respondona y superinteligente, ¡vaya sorpresa!, como si no hubiera sido el plan desde el primer día-, ahora acuden a la autoridad aparentemente para atrapar al genio digital y reducirlo a la lámpara minúscula y tradicional de la regulación. Aquí hay gato encerrado, me digo.

Las más notables alertas sobre el fin de la civilización

El riesgo de dejar al genio suelto, ha dicho la comparsa de Silicon Valley, es ni más ni menos que la extinción de la humanidad. ¿Cuántas veces nos han alertado del fin próximo de la civilización? Demasiadas, para registrarlo aquí. Las más notables incluyen la catástrofe demográfica de Malthus, pero resultó que las hambrunas que han diezmado a millones fueron causadas por gobiernos comunistas, no por el crecimiento geométrico de la población. Las pandemias globales han sido otro caballo de batalla, pero luego del covid sabemos que el mayor daño provino del enclaustramiento forzado. Y está por verse el efecto en el tiempo de la vacunación masiva y obligatoria, bonita manera de poner a todos en fila para financiar un pingüe negocio de fármacos probados y aprobados entre gallos y medianoche. También nos advirtió el Club de Roma hace medio siglo que se agotarían los recursos naturales y se dijo que las próximas guerras serían por el líquido vital, mas la tecnología para potabilizar el agua de mar ya existe a gran escala y la exploración del espacio en busca no solo de recursos sino también de una nueva frontera civilizatoria dejó los libros de ciencia ficción para convertirse en una realidad frente a nuestros ojos. Urdieron entonces la farsa del cambio climático y ahora han convertido a la inteligencia artificial en el nuevo conejo de la chistera.

En todo esto hay un patrón evidente: inventar un enemigo para justificar la expansión regulatoria, mientras se frotan las manos los estatistas de toda pluma y, como todo hay que decirlo, también los malos empresarios que ya llegaron al mercado y quieren impedírselo a otros mediante barreras regulatorias. He ahí el gato encerrado.

Si las lecciones de la historia son una pista, las mayores amenazas para la supervivencia de la civilización provienen del intervencionismo gubernamental. Golpear las puertas del regulador para que amplíe su ya irrefrenable y parasitaria expansión es un acto suicida. Y desleal, pues traiciona la libertad que les permitió gestar la revolución tecnológica.

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