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Diario Expreso Ecuador

Barandas, no muros

Los riesgos de la Inteligencia Artificial hacen que sea urgente establecer reglas éticas y criterio humano para su uso empresarial

Para poder advertir con libertad sobre la inteligencia artificial que él ayudó a crear, Geoffrey Hinton dejó Google.

Para poder advertir con libertad sobre la inteligencia artificial que él ayudó a crear, Geoffrey Hinton dejó Google.Archivo Expreso

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Geoffrey Hinton, uno de los padres de la inteligencia artificial y Nobel de Física en 2024, dejó Google para poder advertir con libertad sobre lo que ayudó a crear. Cuando el arquitecto duda de su propio edificio, conviene escucharlo.

Tampoco caigamos en el pánico. La IA ya redacta contratos, detecta fraudes, anticipa la falla de un carro antes de que se quede botado en la vía y le ahorra horas a cualquier equipo que sepa usarla. Negarse a adoptarla hoy es tan ingenuo como lo fue resistirse al internet en los noventa. Quien la ignore no se quedará quieto, se quedará atrás.

Dicho esto, los riesgos son reales. El primero es la dependencia. Cuando delegamos todo, dejamos de pensar, y un gerente que ya no revisa lo que firma porque ‘lo hizo el sistema’ es un gerente que abdicó. El segundo es la desinformación: audios y videos falsos capaces de tumbar una reputación o torcer una elección en horas. El tercero es la opacidad, porque muchos modelos deciden sin que nadie pueda explicar por qué.

El más audaz impondrá sus reglas

¿Qué hacer? Poner barandas, no muros. Toda decisión que afecte a una persona, sea un crédito, un despido o un diagnóstico, debe tener un responsable humano con nombre y apellido. Los datos de los clientes no se suben a cualquier herramienta gratuita. Cada empresa necesita reglas claras de uso, auditorías periódicas y capacitación, porque el peligro no está en la máquina sino en quien la usa sin entenderla. Y los gobiernos deben exigir transparencia básica sin asfixiar a quien innova.

El mundo regula a tres velocidades. Europa aprobó su ley de IA y apuesta por el control. Estados Unidos deja correr al mercado. China la pone al servicio del Estado. Ninguno de los tres modelos resuelve lo esencial: la tecnología cruza fronteras en segundos y las leyes no. Sin acuerdos mínimos entre países, cada quien jugará con sus propias reglas y el más audaz impondrá las suyas.

La pregunta de fondo no es si la inteligencia artificial nos va a reemplazar. Es si nosotros vamos a renunciar a pensar. La herramienta puede ser brillante. El criterio sigue siendo nuestro, y ese no se delega.

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