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Diario Expreso Ecuador

Sabotaje que mata

La pérdida de más de 22.000 medicamentos en el Hospital Teodoro Maldonado evidencia negligencia, posibles delitos y una crisis estructural

Exteriores del área de Emergencia del hospital Teodoro Maldonado Carbo, en Guayaquil.

Exteriores del área de Emergencia del hospital Teodoro Maldonado Carbo, en Guayaquil.Archivo Expreso

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Lo ocurrido en el Hospital Teodoro Maldonado Carbo no es un incidente técnico: es la radiografía de una falla estructural donde confluyen negligencia, opacidad y de confirmarse, conducta delictiva. La pérdida potencial de más de 22.000 medicamentos sensibles -destinados a pacientes con cáncer, trasplantes o enfermedades autoinmunes- no solo implica un perjuicio económico cuantificable, sino un daño clínico irreparable. En estos tratamientos la continuidad no es un lujo: es una condición de vida o muerte.

De la negligencia al posible delito

El informe que apunta a “manipulación arbitraria” y desconfiguración del sistema de frío, desplaza la discusión desde la ineficiencia hacia el terreno penal. Si la cadena de frío fue alterada deliberadamente, no estamos ante un error administrativo, sino ante una acción que, en sus efectos, pone en riesgo directo la vida; porque la interrupción dolosa de servicios esenciales puede configurar responsabilidades agravadas, más aún cuando el resultado previsible es el desecho de las medicinas y la muerte de pacientes vulnerables por no recibirlas; porque cada unidad perdida no es reemplazable en el corto plazo.

Que históricamente existan antecedentes como los sucedidos en la pandemia -compras irregulares, insumos defectuosos- revela un patrón preocupante: la reiteración de prácticas donde la salud pública se convierte en botín.

El Estado debe investigar con rigor técnico, determinar autorías y probar el nexo causal entre la manipulación y el daño a pacientes. Solo así se evitará que la indignación legítima derive en tipificaciones imprecisas que terminen favoreciendo la impunidad.

Más allá de la denuncia: reformas necesarias

La respuesta institucional no puede limitarse a una denuncia. Se requiere trazabilidad digital de la cadena de frío, controles de acceso auditables, protocolos de doble verificación y responsabilidad funcional clara. La salud pública no admite zonas grises.

La reflexión final es incómoda: cuando un sistema tolera estas grietas, la vida pierde valor en la práctica, aunque no en el discurso. Restituir ese valor exige algo más que sanciones ejemplares, demanda reconstruir la ética de lo público.

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