Fútbol, agresión y política
Las agresiones en el partido Ecuador-México no se justifican con la crisis de la embajada en Quito, porque la política nunca debe ensuciar el fútbol

No se pueden justificar las agresiones de que fueron objeto los ecuatorianos en este Mundial 2026 en la capital mexicana, usando el tema de la embajada de México en Quito.
Las agresiones en el fútbol no son raras, pero no por eso pasan a ser plausibles, como tampoco que el agresor pretenda justificar su ataque. Lo que pasó con el partido entre los seleccionados de Ecuador y de México se ha querido explicar por la violación de la embajada mexicana en Quito.
Bueno, si las cosas van a ser así, no vaya a ser que, mañana, algunos ecuatorianos desadaptados, que también los tenemos, justifiquen ataques a mexicanos en algún otro partido, porque, en buena parte, los grupos delincuenciales que asuelan al Ecuador tienen origen y son obra de los cárteles mexicanos, o que se ataque a periodistas deportivos de ese país con el ‘exquisito argumento’ de que el Gobierno de México violó las convenciones de asilo al darle esa protección a un sujeto condenado por sus latrocinios, cosa expresamente prohibida en esos instrumentos. Si para explicar tonterías la creatividad brota de modo imparable. Ese tema de la embajada está en la Corte Internacional de Justicia, que es donde se resuelven esos asuntos y, visto lo ocurrido, ni Ecuador ni México saldrían indemnes (ojalá esa Corte de una vez dé las pautas para evitar el abuso, el fraude y la malicia en el otorgamiento de esas protecciones que, parece, están hechas para políticos y, cuanto más ladrones, mejor).
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Afectar la larga amistad entre ecuatorianos y mexicanos
Es realmente increíble que por razones de baja política haya gente relacionada con un exjefe de Estado prófugo, justificando que el tema de la embajada es la causa de una agresión a compatriotas que no tomaron esa decisión. Para esa gente la patria es solo una buena excusa para lograr sus objetivos, porque lo mínimo que le pasa a un ecuatoriano decente es ofenderse por el ataque a su himno y no digo que esa ofensa permite otra clase de ofensiva, pero, al menos, una reacción. Supongo, entonces, que a esa gentuza le insultan a la madre y no solo se quedan impávidos, sino que empiezan a justificar semejante indecencia.
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Los problemas de los ecuatorianos los resolvemos acá, en casa y entre nosotros. No necesitamos que ecuatorianos metan una presidente extranjera, que aprovecha para decirnos que no va a restablecer relaciones. Si esa es su decisión, que la repita en su casa para obtener provecho político en su país, pues esa señora es problema de los mexicanos y no nuestra, que con los políticos que tenemos nos sobra. A alguien le interesa que la larga amistad entre ecuatorianos y mexicanos sea echada al tacho.