Stasis
La sociedad no se rompe solo por el narcotráfico y la inseguridad, sino por la falta de un proyecto compartido de país que permita restaurar el contrato social

Cuando el Estado y la sociedad fallan, las bandas del narcotráfico se convierten en la alternativa donde encontrar pertenencia, a pesar de los riesgos que conllevan.
Los griegos tenían una palabra más precisa que la nuestra para describir ciertas crisis: ‘stasis’. No era simplemente conflicto. Era algo más inquietante: una comunidad que se vuelve contra sí misma. Una fractura del orden compartido.
‘Stasis’ significaba literalmente “tomar posición”, pero en política describía el momento en que la polis dejaba de ser un cuerpo y se convertía en facciones. No era solo violencia: era la ruptura del lenguaje común que hacía posible la convivencia.
Ese lenguaje no surge de la nada. Nace de algo previo: un acuerdo -explícito o tácito- sobre un proyecto compartido. Un punto de encuentro que orienta, convoca y da sentido a participar en la vida común. De ahí, y solo después, emerge lo normativo.
Cuando ese centro se debilita, lo que se pierde no es primero la ley, sino la razón para obedecerla.
En los siglos de transición hacia el predominio cristiano, el mundo romano vivió múltiples formas de stasis: persecuciones, disputas doctrinales, cismas, redefiniciones del poder. Fue lo que Constantino cortó de tajo cuando terminó la tradición romana de tolerancia relativa a los innumerables cultos del imperio en la ley de la religión. Por ese entonces el conflicto no venía de fuera del imperio, sino desde dentro, en la lucha por redefinir un proyecto común -y una creencia común era de mucha ayuda-.
Esa es quizás la clave: toda ‘stasis’ es también una disputa por el sentido del proyecto común.
El narcotráfico ofrece economía y pertenencia
Hoy Ecuador atraviesa algo inquietantemente similar. El narcotráfico no es solo una economía ilegal: es un sistema paralelo de reglas, incentivos y lealtades. Por esperanzas de días mejores. No compite solo por territorios, sino por ofrecer -aunque sea fragmentariamente- otra forma de pertenencia.
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Y ahí aparece la ‘stasis’: cuando sectores enteros operan bajo lógicas distintas -a veces excluyentes- que los oponen. Cuando el contrato social deja de ser horizonte común y es una opción entre varias, el riesgo no es solo la violencia. Es la disolución del acuerdo que hacía posibles proyectos comunes.
La sociedad no se rompe cuando tiene conflictos, sino cuando deja de tener -bien sea una fe o un proyecto- desde dónde resolverlos.