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Diario Expreso Ecuador

Después de la foto oficial

Cuestionan obras públicas en Quito que terminan abandonadas por mala planificación y alto costo. Esto en medio del ambiente electoral por la alcaldía

Espacios urbanos sin uso reflejan fallas en planificación y desconexión con las necesidades reales de los ciudadanos.

Espacios urbanos sin uso reflejan fallas en planificación y desconexión con las necesidades reales de los ciudadanos.Archivo

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En toda ciudad latinoamericana hay algún elefante blanco que se abandonó por mala planificación. Los candidatos a alcalde de Quito los conocen bien. Seguro inauguraron alguno con bombos y platillos, cobertura masiva e invitaciones a algún foro global donde dejaron a Quito por todo lo alto.

Proyectos urbanos que terminan en abandono

Los premios y palmadas en la espalda de los líderes globales no resuelven el abandono y el gasto innecesario. Poco después de la foto oficial, la maleza crece en el piso y los vecinos prefieren la vereda de enfrente, donde el panadero saca una mesita y el barrio se sienta a conversar.

Thomas Sowell anota que la sociedad ha cambiado lo que funciona por lo que suena bonito. Se aprueban planes con gráficos impecables, conceptos de moda, perspectivas políticamente correctas, con modelos traídos de fuera, y lo que se evalúa es el anuncio y la intención, nunca el resultado. Las ideas detrás de esos proyectos no sirven, y la prueba está en que la gente no siente suyos los proyectos.

Modelos de ciudad frente a soluciones reales

Matt Ridley explica de dónde salen las ideas que sí sirven. Aparecen sin permiso ni fanfarria oficial. Una banca afuera de una tienda. Una luz en una esquina oscura. Pequeños actos de generosidad que generan cambios enormes. Las cosas que funcionan, se copian. Las que no, mueren sin titulares. Ese mecanismo de selección orgánica produce ciudades habitables cuando se le permite operar. Es, matemáticamente, lo opuesto a los elefantes blancos cuyos autores ahora quieren volver, sin haber pagado precio alguno por sus decisiones.

Una calle diversa, con muchos negocios y rotación natural, absorbe recesiones sin colapsar; siempre queda algo vivo. Un megaproyecto único, financiado con deuda y diseñado lejos del barrio, se cae entero cuando cambia el viento y arrastra al fisco con él. Las ciudades se construyen con miles de ensayos pequeños que pueden fallar barato. Los elefantes blancos fallan caro, y siempre los paga otro.

Cuando los candidatos empiecen a prometer la maravilla definitiva, conviene preguntarles quién responderá el día que la plaza vuelva a vaciarse.

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