El Niño comienza a sentirse
Frente al aumento de precipitaciones por El Niño, Ecuador enfrenta el reto de proteger su infraestructura, economía y sectores productivos

El impacto económico dependerá de la intensidad de las lluvias, la resistencia de la infraestructura y la rapidez de la respuesta pública.
A mediados de septiembre, el comité Erfen registró un calentamiento de hasta 4,5 grados por encima de lo normal en una zona del Pacífico cercana a Ecuador y Perú, mientras que el nivel del mar superó en más de 30 centímetros su promedio en ciertos sectores. La respuesta en tierra todavía es irregular, pero las lluvias inusuales muestran que el fenómeno empieza a hacerse sentir.
Hasta mediados de mes se habían registrado 37 eventos relacionados con precipitaciones en el Litoral y 1.316 personas afectadas, principalmente en Los Ríos. En Guayaquil, la estación del aeropuerto acumuló durante las dos primeras semanas 25,6 milímetros de lluvia, frente a un promedio de apenas 0,7 milímetros para todo septiembre. Son datos preocupantes, aunque todavía no permiten anticipar la magnitud de los daños
El impacto económico dependerá de la intensidad de las lluvias
Los pronósticos prevén que El Niño se fortalezca hacia finales de 2026 y se prolongue hasta comienzos de 2027. Para el país, el período más delicado podría coincidir con la temporada lluviosa de la Costa. Si el calentamiento del océano encuentra una respuesta atmosférica persistente, aumentará la posibilidad de crecidas e inundaciones. Se esperan lluvias más frecuentes en el norte e interior del Litoral, especialmente en Esmeraldas, Manabí, Santo Domingo, Los Ríos y el norte de Guayas. Sin embargo, la intensidad del fenómeno en el mar no se traduce automáticamente en lluvias de igual magnitud sobre el territorio. Basta recordar 1997-1998 para reconocer nuestra vulnerabilidad.
El impacto económico dependerá de la intensidad de las lluvias, la resistencia de la infraestructura y la rapidez de la respuesta pública. Una inundación puede destruir cultivos; una carretera dañada puede aislar una zona productiva y encarecer el traslado de alimentos. Cuando esas interrupciones llegan a los mercados, suben los costos para comerciantes y consumidores, y los hogares de menores ingresos sufren más el alza de los productos básicos.
La importancia de la inversión preventiva
El sector pesquero también enfrenta un escenario incierto, pues el calentamiento del mar podría reducir la disponibilidad de algunas especies, así como modificar la distribución de otras o favorecer incluso a otras especies, por lo que no cabe hablar de un efecto uniforme. Pescadores, procesadoras y exportadores necesitarán información oportuna para ajustar sus decisiones.
A las pérdidas privadas se añadiría la presión sobre las finanzas públicas. Reparar vías, puentes, viviendas y sistemas de agua exige recursos que no sobran y que, gastados después de la emergencia, suelen rendir menos que una inversión preventiva. Por eso la preparación es crucial. Hay que limpiar drenajes, inspeccionar alcantarillas y puentes, identificar comunidades expuestas y asegurar rutas de abastecimiento.
Guayaquil
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Diana Sotomayor
Los gobiernos locales conocen los puntos donde cada invierno se repiten los problemas y deberían informar qué trabajos se han completado y cuáles siguen pendientes. El Gobierno central debe coordinar prioridades, facilitar recursos y garantizar contrataciones transparentes. Las empresas pueden proteger instalaciones e inventarios, mientras que los barrios y la sociedad civil pueden difundir alertas y asistir a quienes necesiten ayuda.
No sabemos cuánto daño provocará este Niño, pero sus primeras señales ya están presentes.