Después de Hungría, ¿México podría ser el siguiente?
¿Es México la nueva Hungría? Analizamos cómo la concentración de poder y la falta de resultados económicos crean un sistema democrático peligrosamente frágil

Bajo Andrés Manuel López Obrador y la presidenta Claudia Sheinbaum, la coalición gobernante en México ha impulsado una concentración de poder comparable al modelo húngaro.
Durante 16 años, Hungría ofreció un modelo de “democracia iliberal”: elecciones periódicas con instituciones debilitadas para limitar el poder. Bajo Viktor Orbán y su partido Fidesz, el gobierno no contemplaba una derrota. Sin embargo, esta ocurrió, demostrando que incluso sistemas así pueden colapsar.
No fue solo una sorpresa electoral, sino una señal de que estos regímenes, aunque estables en apariencia, pueden desmoronarse cuando coinciden descontento económico, desgaste institucional y frustración social. México enfrenta señales que hacen pertinente observar esa experiencia.
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En años recientes, México ha experimentado una transformación institucional significativa. Bajo Andrés Manuel López Obrador y la presidenta Claudia Sheinbaum, la coalición gobernante ha impulsado una concentración de poder comparable al modelo húngaro. El proceso ha sido gradual, legal y respaldado electoralmente, pero ha debilitado los contrapesos democráticos.
El proceso de debilitación de la democracia
Todo comienza con una hegemonía electoral. Orbán interpretó su victoria como autorización para rediseñar el sistema político. A medida que modificó instituciones, el terreno electoral se inclinó a su favor, creando un ciclo donde el éxito facilitaba más cambios que reducían la competencia.
Luego vino la subordinación institucional. En Hungría, tribunales, reguladores y medios enfrentaron presiones crecientes. Aunque se justificaron como reformas, en la práctica erosionaron los mecanismos de control y deterioraron indicadores democráticos.
México muestra tendencias similares. En la elección de 2024, la coalición gobernante logró una mayoría calificada que le permitió reformar la Constitución sin oposición efectiva. En pocos meses, eliminó organismos autónomos y debilitó otras instituciones independientes.
Además, se aprobó una reforma judicial que establece la elección popular de jueces, magistrados y ministros. Aunque presentada como democratización, genera dudas sobre la independencia judicial. La primera elección registró apenas 13 % de participación, evidenciando una brecha entre formalidad y legitimidad.
La diferencia entre Hungría y México: la economía
Sin embargo, existe una diferencia clave. Hungría, pese a su retroceso democrático, logró crecimiento económico sostenido que fortaleció la legitimidad del gobierno.
México no ha tenido ese respaldo. A pesar de condiciones externas favorables, el crecimiento ha sido limitado, la productividad baja y el ingreso estancado.
Esto tiene implicaciones políticas. Mientras Orbán podía argumentar estabilidad, en México la concentración de poder no ha ido acompañada de resultados económicos sólidos, y la erosión institucional podría desalentar inversiones.
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Esto sugiere que el sistema mexicano podría ser más frágil de lo que parece. Cuando emergen tensiones, el colapso puede ser rápido.
Si la economía empeora y el apoyo social se fragmenta, México podría enfrentar un escenario similar. La falta de instituciones fuertes aumenta el riesgo de una transición abrupta.
Esto no implica que México replicará a Hungría, pero la tendencia hacia la centralización del poder con respaldo electoral es clara, y Hungría funciona como advertencia.