El sinsentido de los pasajes
La falta de conectividad entre países, las escalas y las frecuencias, incluso los impuestos, influyen en el costo final de un pasaje aéreo, pero no pueden tolerarse los precios que el país está pagando
La lógica dicta que el costo de un pasaje de avión debería variar dependiendo de la distancia entre la partida y el destino: mientras más cerca, más barato, y mientras más lejos, más caro. Pero en la práctica, ese sentido común no funciona en países con tan poca conectividad como el Ecuador.
Un tiquete de avión de Guayaquil a Bogotá está por encima de los 700 dólares, mientras que uno a Madrid cuesta un poco más de 800 dólares. Resulta difícil de creer, pero ir hasta España está en menos de 10 centavos de dólar por kilómetro, mientras que viajar a la capital colombiana cuesta casi 50 centavos de dólar por kilómetro. Cinco veces más costoso.
Cada negocio tiene su lógica y variables, pero no al punto del absurdo. Es cierto que la conectividad entre países, las escalas, así como los impuestos y las frecuencias de vuelos, entre otros factores, pueden influir en el costo final del pasaje, pero no a valores tan exorbitantes. Y tan ilógico como los costos es la conectividad. Ir de Guayaquil a Uruguay, por ejemplo, implica en algunos casos hacer escala en Panamá o Bogotá para luego bajar hasta Montevideo. Una pérdida de tiempo.
Los pasajeros poco o nada hacen para quejarse de los costos absurdos y de la conectividad sinsentido.