Editorial | La lucha continúa
El toque de queda evidenció avances en seguridad y control territorial, pero su fin plantea el reto de sostener la vigilancia
El fin del toque de queda debe llevar a una revisión de lo obtenido en esta etapa de la lucha contra la criminalidad. Durante su vigencia, la medida permitió la captura de algunos objetivos peligrosos y contribuyó también a reducir los índices de delincuencia común.
Sin embargo, estos esfuerzos deben traducirse en acciones cotidianas de control y vigilancia que perduren en el tiempo, sin bajar la guardia y ampliando su alcance a delitos como las extorsiones, que están devastando la economía a todo nivel.
La ausencia de restricciones horarias exige a las Fuerzas Armadas y a la Policía redoblar su presencia y capacidad operativa en los territorios recuperados, evitando que nuevas estructuras criminales intenten ocupar espacios debilitados.
La seguridad es un proceso continuo, no un logro aislado. Requiere custodia permanente, inteligencia efectiva y cercanía con la ciudadanía. En este contexto, la cooperación internacional, en especial de países aliados, debe ser vista como una oportunidad estratégica. Si su apoyo se traduce en tecnología, capacitación y recursos, será un pilar clave para afianzar la paz interna.
El desafío está en sostener los avances y no permitir retrocesos. Lo alcanzado debe convertirse en una conquista duradera.