Editorial | Babahoyo: inundaciones y gestión urgente
La solución para Babahoyo requiere decisiones sostenidas y permanentes: limpiar, ampliar, coordinar y planificar
Babahoyo ha vuelto a inundarse y, como cada invierno fuerte, la explicación fácil apunta a las lluvias. Pero esto solo es una forma de evadir responsabilidades. La evidencia técnica y el seguimiento histórico muestran un problema más complejo y, sobre todo, persistente.
La ciudad está asentada en una zona naturalmente inundable, riesgo que no desaparecerá y que deberá ser gestionado eficientemente. Las calles anegadas son producto tanto del desbordamiento del río, como de alcantarillas obstruidas, sistemas de drenaje rebasados y una expansión urbana que ha ignorado límites básicos.
Existe infraestructura orientada a evitar el efecto de desbordamientos y lluvias muy intensas pero su eficacia se ve mermada por mantenimiento deficiente, capacidad insuficiente y obras desconectadas entre sí. A esto se suma la intervención del entorno: menos cobertura vegetal, más superficies impermeables y cauces bloqueados por sedimentos y residuos. Por ello la solución para Babahoyo requiere inversión en drenaje pluvial inteligente, dragados permanentes y, sobre todo, un ordenamiento urbano estricto que prohíba construir en zonas anegables. Reducir el impacto de las inundaciones es viable, pero las autoridades deben pasar del diagnóstico a la gestión efectiva.