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Diario Expreso Ecuador

Entre Mao y el Tío Sam

Ecuador equilibra sus alianzas entre EE. UU. y China: diplomacia, deuda y pragmatismo económico para beneficiar al país sin atarse a ninguna potencia

La visita del presidente Noboa al presidente de China Xi Jinping, en Pekín. refleja el pragmatismo de Ecuador entre dos potencias, pues mantiene excelentes relaciones con Estados Unidos.

La visita del presidente Noboa al presidente de China Xi Jinping, en Pekín. refleja el pragmatismo de Ecuador entre dos potencias, pues mantiene excelentes relaciones con Estados Unidos.Archivo Expreso

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Xi Jinping recibió a Daniel Noboa con alfombra roja y honores de Estado en el Gran Palacio del Pueblo. Apenas días atrás éramos felicitados por Washington por nuestro compromiso con el escudo de las Américas. Las dos fotos nos dejan una reflexión: a Ecuador no le sobran pretendientes, pero tampoco le faltan opciones.

Estados Unidos es el aliado ideológico y de seguridad, pero pone aranceles un día y los retira al siguiente, firma acuerdos “provisionales” que la Corte Constitucional todavía revisa. China, en cambio, no discute principios: presta, construye, cobra y también aprieta cuando conviene. Justo antes de que Noboa aterrizara en Pekín, China levantó la suspensión sanitaria a ocho de las catorce camaroneras ecuatorianas castigadas desde 2025, dejando las seis restantes -incluida la mayor exportadora del país- como fichas todavía en la mesa. Coca Codo Sinclair tiene fisuras, sí, pero también tiene turbinas que giran y solo Dios sabe cómo nos conviene que sigan girando. Pekín incluso se permite prometer que su amistad “no depende de cómo evolucione la situación internacional”, una estabilidad que a las democracias les cuesta ofrecer, porque ahí un cambio de humor en las urnas puede tumbar un tratado en cuatro años.

Quedarse con lo mejor de cada potencia

Por eso Noboa negocia en Pekín una nueva “reperfilación” de una deuda que ya se repactó con Moreno y con Lasso, mientras al mismo tiempo pide créditos frescos y abre mercados. Esto es una movida política coherente: es la lógica del que sabe que renovar la tarjeta de crédito no es lo mismo que quemarla, romperla o arrojarla a la basura.

Ecuador no necesita jugar de bolivarianismo trasnochado, incendiando continentes en nombre de una causa que ya nadie recuerda bien. Tampoco necesita convertirse en el estado número cincuenta y tantos de una potencia que cambia de humor con cada elección de medio término. Los países pequeños tienen una ventaja que casi nunca se reconoce: pueden quedarse con lo mejor de cada potencia sin cargar con el peso de ninguna.

Al final del día el mejor bando es el que beneficia al ecuatoriano.

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