Fila para comprar nuestro petróleo
La producción petrolera sigue cayendo y la Refinería Esmeraldas acumula tantas excusas como incendios. Pero el gobierno actual tampoco ha resuelto el problema

Mientras las chimeneas de las refinerías operan a media marcha al fondo, los ciudadanos enfrentan filas kilométricas para obtener combustible importado a precios internacionales.
Ecuador tiene petróleo. Mucho. Eso se sabe, al menos, desde que el país se convirtió en exportador en los años setenta. Sin embargo, luego de cinco décadas de exportar crudo, el país amaneció esta semana con filas kilométricas en las gasolineras, racionamiento en Quito y Guayaquil, y conductores recorriendo media ciudad para encontrar gasolina a precio de primer mundo.
La paradoja no es nueva, pero esta semana se hizo insoportablemente visible. El país exporta crudo pesado a precio de descuento mientras compra combustibles refinados a precio de mercado. El 85 % del diésel que se consume y el 71 % de las naftas para elaborar las gasolinas se importan. En marzo de este año, la factura de importación de derivados llegó a 777 millones de dólares, el nivel más alto en más de tres años. Mientras tanto, la Refinería Esmeraldas opera al 39 % de su capacidad luego de tres incendios en menos de un año.
Economía y negocios
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Mayra Pacheco Pazmiño
Problemas estructurales, no solo incendios
Pero sería demasiado cómodo atribuirlo todo a los incendios. El problema es estructural. Durante el gobierno de Rafael Correa, cuando el petróleo llegó a cien dólares el barril y el país recibió en una década más recursos que en toda su historia anterior, se anunció la solución definitiva: la tristemente célebre Refinería del Pacífico.
Una obra colosal, que supuestamente procesaría trescientos mil barriles diarios. Lo que al final quedó fue un terreno aplanado de 540 hectáreas que la Contraloría catalogó como “infraestructura inútil”, con una factura de 1.531 millones de dólares que incluye sobreprecios documentados y una glosa de 1.223 millones a exfuncionarios, entre los que figura, cómo no, Jorge Glas. Otra de las maravillosas obras de la ‘década ganada’.
Pero el gobierno actual tampoco ha resuelto el problema. La producción petrolera sigue cayendo y la Refinería Esmeraldas acumula tantas excusas como incendios. La solución anunciada para el 2 de junio suena, otra vez, a promesa vacía. Mientras tanto, medio siglo después, seguimos siendo el país petrolero que hace fila para comprar su propio petróleo.