El problema de callar a la prensa
El desgaste del Gobierno no viene solo de la prensa sino de la realidad del ciudadano que vive con miedo, hospitales deteriorados y una economía que no mejora

La libertad de prensa y la política en Ecuador generan tensión. Crece el desgaste del gobierno de Daniel Noboa y la desconfianza ciudadana.
La libertad de prensa no solo se pierde cuando se clausura un medio o se encarcela a un periodista. También se debilita cuando el poder intenta controlar la conversación pública, reemplazar la crítica con propaganda y convertir cualquier cuestionamiento en un ‘ataque político’. Y ahí está el problema para el gobierno actual. Daniel Noboa llegó como una figura distinta al correísmo y al anticorreísmo tradicional, pero poco a poco su administración empieza a parecerse a aquello que prometió combatir: un gobierno incómodo con las voces críticas.
El desgaste no viene solo de la prensa sino de la realidad diaria de los ecuatorianos. Porque mientras el discurso oficial insiste en que el país está mejor, el ciudadano común aún vive con miedo, con hospitales deteriorados y una economía que no termina de despegar.
La percepción de inseguridad se mantiene
Si Ecuador está verdaderamente más seguro, ¿por qué cada delegado del Gobierno vive rodeado de escoltas, caravanas y equipos de seguridad? ¿Por qué una autoridad necesita tres o más carros afuera de su casa? La desconexión con la realidad es evidente. El ciudadano camina solo, el poder camina blindado. Cuando un político pueda recorrer las calles del país sin doce personas alrededor, recién ahí muchos creerán que algo cambió.
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Además, el discurso de culpar eternamente a gobiernos anteriores empieza a agotarse. Sí, existen herencias graves. Pero llega un punto donde la explicación deja de sonar a contexto y empieza a sonar a excusa. El votante ya no quiere escuchar quién destruyó el país, quiere saber quién realmente puede arreglarlo. Y mientras tanto, el Gobierno parece más concentrado en controlar la narrativa y pautar medios que en construir soluciones estructurales. Comunicar no reemplaza a gobernar.
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Las elecciones seccionales podrían convertirse en el primer gran castigo político para ADN. Aunque todavía no existan candidaturas definidas, ya se percibe una oposición creciente hacia el oficialismo. La ciudadanía no quiere volver al pasado, pero empieza a sentir que el presente tampoco resolvió sus problemas. Y en política hay algo peligroso: cuando el ciudadano pierde la esperanza, deja de escuchar discursos y empieza a hablar en las urnas.