El avance totalitario
Soldados de la URSS descubrieron la riqueza de Alemania al invadirla, por eso Stalin castigó a sus propios prisioneros repatriados y ocultó realidad comunista

Lo mejor que tiene el comunismo (hoy encubierto en su amable cara del ‘wokismo’) es la propaganda: cualquiera que se le oponga es un fascista.
Cuando las tropas soviéticas entraron en territorio del Reich a inicios de 1945, se lanzaron en una irracional destrucción y ataque a los alemanes, especialmente mujeres. Las ‘razones’ de ese salvajismo se pretendía encontrar en una suerte de afán vengativo de un pueblo que había sufrido incontables atrocidades de los nazis, incluyendo a quienes habían vivido, en su propio suelo, las salvajadas de sus pares comunistas, como era el caso de, entre otros, los ucranianos.
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Lo que los soldados soviéticos descubrieron al invadir Alemania
Pero una de las explicaciones era que esos soldados soviéticos veían cómo el campesinado alemán disfrutaba de un nivel de vida inimaginable en la Unión Soviética, lo que escribían a sus familias: ¿por qué han invadido nuestro país y lo han saqueado, si son muchísimo más ricos que nosotros?
Las historias de soldados tártaros bebiendo el agua de los retretes porque no sabían para qué servían esos artilugios ocasionaba el desespero los oficiales políticos comunistas: el ‘paraíso de los trabajadores’ soviético era una mentira descarada que sus propias tropas, dedicadas al saqueo y al daño absurdo, podían testificar. Por eso los soviéticos que habían quedado prisioneros de los alemanes no fueron recibidos como héroes ni mucho menos a su retorno a la URSS, sino como enemigos del Estado, bajo la argucia de que, al haber sido capturados, eran unos cobardes que se habían rendido y que estaban contaminados por el capitalismo. Su devolución a tierra soviética contra su voluntad fue uno de los acuerdos con los aliados occidentales, que los enviaban sabiendo lo que les esperaba bajo Stalin, un asesino de masas que podía darle cátedra a Hitler, pero que era loado en poemas de Pablo Neruda.
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Lo mejor que tiene el comunismo (hoy encubierto en su amable cara del ‘wokismo’) es la propaganda: cualquiera que se le oponga es un fascista. Incluso nótese que ellos no hablaban de nazis, sino de fascistas, para que no se use su nombre de ‘nacionalsocialistas’. Alemania era ‘capitalista’. Sus ‘aliados’ de Occidente eran solo de utilidad: sin la ley de préstamos y arriendo de los estadounidenses, los soviéticos hubiesen sido, sino aplastados, neutralizados por los alemanes. El Reich se desmorona con la invasión en Normandía: la caída del frente oriental se debe, en mucho, al traslado de fuerzas que estaban en el frente ruso, hacia el oeste. El ‘telón de acero’ fue el corolario de la mentira. ¿Aprendió el mundo de esto?