La culpa es de Correa
La culpa por todos los casos de corrupción nunca es del inepto ni del ladrón, sino del pasado; así se evade la responsabilidad por las crisis del presente

El expresidente Rafael Correa ha sido relacionado con diversos casos de corrupción.
Ahora que sabemos que el asalto a mano armada del Caso Progen es culpa de Correa, por fin hemos encontrado la raíz de todos nuestros males. Estaba tan claro, pero no supimos verlo: suya, de Correa, es la culpa de que ministros comprobadamente torpes y presumiblemente deshonestos hayan ordenado comprar chatarras o pagar fortunas sin las garantías adecuadas. Suya, de Correa, que los subalternos que tiene el presidente en la Fiscalía hayan enjuiciado solo a peones y no a los alfiles que movieron los hilos del asalto. Suya es la culpa de que el Estado le pida a un juez que jamás de los jamases se conozca la ruta de las decenas de millones que se perdieron en las cuentas de los ladrones.
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La culpa siempre es de otro
¡Cómo no pudimos verlo si era tan evidente! Suya, de Correa, es la culpa por el asesinato con tortura de los Niños de Las Malvinas, y suya la del suicidio que no fue suicidio de Mónika Silva. Y es suya que una mesera tuviera millones de dólares para intentar la compra de un megaterreno peninsular, a precio de mortadela. Y suya que un asambleísta con patrimonio declarado de US$70 mil pueda comprar por 20 veces más un par de medios para volverlos parlantes oficiales. Y suya que un buen diario se vuelva un vulgar pasquín.
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Suya es la culpa de que un “objetivo de alto valor” del narco entre al país por un aeropuerto, ¡cargando sus maletas!, y suya los escandalosos hallazgos del Caso Austral. Y suya que en el próximo noviembre no vayamos a elegir, sino a votar. Porque en el nuevo Ecuador no son la misma cosa.
Suya es la culpa de esto, aquello y lo que sea. Suya es que Enner Valencia lo intente y falle. Y de que, con la ayuda tenaz del periodismo deportivo más tóxico y mediocre del continente, hayamos convertido al goleador histórico de La Tri no en un prócer, sino en un meme.
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Hemos visto la luz y hay que agradecerlo; la verdad nos ha sido revelada: en nuestro país no es culpable el ladrón, ni es responsable la inepta. No lo es el que tortura, no lo es el que persigue, no lo es el que humilla, no lo es el que dispara. La buena nueva es que la culpa nunca es ni será mía, suya, nuestra: la culpa es y siempre será de otro.