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Diario Expreso Ecuador

Más respeto, menos moralina

La victimización política y la hipocresía de izquierda y derecha polarizan al país, degradando el debate público y las causas legítimas

Golpes de pecho frente a las cámaras, historias de Instagram subidas con indignación, solemnes comunicados, todo eso veremos todavía más a medida que nos vayamos acercando al 29 de noviembre.

Golpes de pecho frente a las cámaras, historias de Instagram subidas con indignación, solemnes comunicados, todo eso veremos todavía más a medida que nos vayamos acercando al 29 de noviembre.Generada con IA

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La moda identitaria de los últimos años se ha prestado para empeorar las condiciones del diálogo social y político en el país. Moda que, por supuesto, no es más que una forma corrompida de las posiciones legítimas (aunque no siempre sean las correctas) de los activistas que luchan en contra de las formas de agresión verbal y visual que se ejerce en este país contra las mujeres y las minorías étnicas o contra todo el que no cumple con el estándar rígido y arbitrario de lo bello. De hecho, ese recurso tramposo de salir a decir que cualquier cuestionamiento contra una figura pública surge del racismo o del sexismo no logra más que polarizar a la gente en contra de cualquier causa medianamente liberal, peor progresista.

Hipocresía política

Por ende, los primeros que, por su propio interés (no pretendamos dictarles su deber) tendrían que salir a cerrarle el paso a los políticos que se victimizan ante las críticas deberían ser los más interesados en defender la importancia del lenguaje que usamos, los activistas proderechos y los militantes de todas las organizaciones que se presentan como figuras progresistas. Lamentablemente, esto no ocurre.

Muchas veces pesa más el interés de conservar un puestito de esos en los que se exige salir a marchar o vocear en redes los anuncios de las marchas, que el defender la integridad de las posturas propias.

Algo parecido ocurre con los conservadores. Muchos de ellos son tan defensores de la honra y la familia, tan preocupados por el dolor ajeno, tan celosos campeones de las buenas costumbres como se puede llegar a ser, pero solo cuando se trata del líder o del jefe del jefe del jefe. La honra de los políticos, la paz de sus familias, la sacralidad de su intimidad, todo eso pierde importancia cuando se trata de los enemigos del poder.

Golpes de pecho frente a las cámaras, historias de Instagram subidas con indignación, solemnes comunicados, todo eso estamos viendo y los veremos todavía más a medida que nos vayamos acercando al 29 de noviembre. Pura hipocresía, puro veneno para las causas que derecha e izquierda se supone que defienden.

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