Hoja de ruta de un dictador
Daniel Ortega pasó de la presidencia por voto popular al autoritarismo total, buscando perpetuarse en el poder en Nicaragua, incluso eliminando las elecciones

Lo que gobierna Nicaragua no es un pueblo, sino una sociedad conyugal en la que Daniel Ortega codirige su país con su cónyuge Rosario Murillo.
Este es el recuento intencionado de cómo un político aparentemente bien intencionado, dogmático, taciturno, tímido según quien fuera su segundo de a bordo, devino en un tirano cruel y corrupto.
Llegó a la Presidencia por voto popular en 2006, aunque con algo de fraude: a cambio de no investigar las corruptelas de un exrival, pactó que el porcentaje para ganar en primera vuelta bajase del 45 % al 35 %. Él obtuvo 38 %. Desde entonces fue captando las parcelas del poder repartido que suele tener una democracia, y puso allí a esos títeres que tienen la cara dura y el sí fácil.
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Usó como quiso a los titulares y miembros de la legislatura, el Consejo Electoral, la justicia. Así, por ejemplo, evadió la acusación por abuso sexual que le interpuso su hijastra Zoilamérica. La madre de la víctima y esposa del dictador, lo apoyó y fue premiada con varios cargos, como la titularidad del Consejo de Comunicación, un emporio mediático que liquidó al periodismo independiente y reclutó a mercenarios arrodillados ante ese sueldo público al que llaman pauta. La jueza que archivó la causa fue ascendida a magistrada de la Corte Suprema. Y la madre miserable ahora codirige su país, porque allí lo que gobierna no es un pueblo, sino una sociedad conyugal.
Cómo fue desmantelando la democracia
Para perpetuarse hizo sainetes a los que llamó elecciones. Uno tras otro. En el último, eliminó a los siete candidatos que tenían mejores chances que él. Sin asco. Los acusó de traición a la patria. Lo digo yo y punto, jueces a cumplir. Igual hizo con partidos políticos: ordenó que les quiten su personería. Y fue a los comicios envalentonado porque la papeleta mostraba apenas su cara y un puñado de comparsas. El 82 % de los electores no fue a votar, y del 18 % restante, las ¾ partes lo apoyaron: o sea que fue elegido con el 13 % del padrón electoral.
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Ahora se ha sacado la máscara y ha mostrado sus verdaderas fauces: “no habrá más elecciones aquí”, dijo exultante esta semana. Así se muestra un traidor a su pueblo, que debió ser echado cuando era aspirante a tirano. Y así se cierra la perversa hoja de ruta de la vida pública de un tal Daniel. Daniel Ortega, el dictador de Nicaragua.