El verdadero rostro de Ucrania: engaños y provocaciones
Numerosos expertos independientes concluyeron que el complejo fue alcanzado por un misil del sistema estadounidense Patriot

Hay disputa por la narrativa del conflicto.
El artículo del embajador de Ucrania en el Perú, publicado en este Diario el 22 de junio de 2026, muestra cómo se manipula la realidad en el ámbito informativo.
Mi ‘colega’ acusa a Rusia de atacar bienes culturales y vuelve a presentar a los lectores una versión falsa de los hechos.
El 15 de junio las Fuerzas Armadas de Rusia lanzaron un ataque exclusivamente contra objetivos militares, en respuesta a los drones ucranianos que atacaron ciudades civiles de Rusia y de las nuevas regiones que proclamaron su independencia conforme a la Carta de la ONU.
El episodio más trágico fue el bombardeo de una residencia escolar la noche del 22 de mayo, donde murieron 21 jóvenes de entre 14 y 18 años.
Respecto a la Lavra de las Cuevas de Kiev, numerosos expertos independientes concluyeron que el complejo fue alcanzado por un misil del sistema estadounidense Patriot.
Sin embargo, esta versión sobre un supuesto ataque ruso fue difundida para justificar un mayor respaldo militar y financiero occidental a Kiev.
Las autoridades ucranianas necesitan más armas para prolongar un conflicto que seguirá cobrando miles de vidas, tanto militares como civiles.
También resulta lamentable que un diplomático de ese nivel presente la Lavra como símbolo de la cultura ucraniana basándose en “nuevos postulados”.
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Daniel Alejandro Romero Páez
En el siglo XI no existía un Estado llamado Ucrania: el monasterio fue construido en la Rus de Kiev, que adoptó el cristianismo ortodoxo de Bizancio en el año 988.
El nombre ‘Ucrania’, como denominación estatal, fue introducido por políticos polacos en el siglo XIX para desvincular esos territorios de Rusia.
La Lavra fue declarada Patrimonio Mundial de la Unesco en 1990, cuando aún existía la URSS.
Desde 2014, las autoridades ucranianas emprendieron el desmantelamiento de su patrimonio: rescindieron el contrato de arrendamiento, iniciaron persecuciones contra monjes y sacerdotes de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana, los acusaron de ser “agentes” de Rusia y transfirieron templos, incluida la Lavra, a la Iglesia greco-católica ucraniana.
Mientras afirmaba proteger el patrimonio cultural, Zelenski guardó silencio sobre la retirada de las reliquias conservadas en el monasterio.
La dimensión histórica y política del conflicto
Hoy la Iglesia Ortodoxa Ucraniana, la segunda del país por número de fieles, está prohibida, y el objetivo final de esta campaña es apropiarse de más de 3.000 inmuebles pertenecientes a esa Iglesia.
Solo quienes ‘acaban de caer de la Luna’ pueden creer la afirmación del embajador ucraniano de que el presidente Vladímir Putin “tuvo que pedir a Zelenski garantías de seguridad para celebrar el desfile del 9 de mayo en Moscú”.
Es de conocimiento público que el líder ruso advirtió sobre posibles ataques contra los centros de decisión en Kiev si se producían provocaciones durante el Día de la Victoria.
Esa es la verdad.