Se avecina una consulta
...han avanzado a paso de tortuga y los dialogantes no se han puesto de acuerdo en los temas incluidos, con el presentimiento de que las cosas van a seguir al mismo ritmo’.
El filósofo Platón, recordando su pasado socrático, escribió sus famosos Diálogos llenos de profunda pero ajena filosofía. Ahora, pasando los siglos y cruzando el gran charco Atlántico, es un término que en nuestro país se ha puesto a la moda (gracias a la mediación de la gente de sotana y crucifijos) en las llamadas mesas técnicas, para resolver la problemática nacional, casi en todos sus ángulos, entre el poder Ejecutivo y las agrupaciones indígenas, que están representando a todo el país.
Y es que para que tal situación ocurra existe una amenaza pendiente (casi de tipo extorsionista) de repetir, con la gente de la Conaie, Fenocin, Pachakutik, entre otros, la marcha ‘pacífica’, que actuó en realidad como terrorista y destructora, tanto en los sucesos de junio pasado como en los de octubre del 2019, que ocasionaron devastación y pánico en la Carita de Dios, sobre todo, y que costó varios miles de dólares.
Tales mesas, sin embargo, han avanzado a paso de tortuga y los dialogantes no se han puesto de acuerdo en los temas incluidos, con el presentimiento de que las cosas van a seguir al mismo ritmo.
Ante tal perspectiva el gobierno de Guillermo Lasso, aunque diga que la motivación es diferente, ha anunciado la tan incierta posibilidad de convocar a una consulta popular para que partiendo de la expresión griega ‘Vox populi, vox dei’, sea en efecto, la mayoría ciudadana la que decida o resuelva con su voluntad los problemas de fondo.
Ojalá esta sea la solución y ayuda a que técnicos de las mesas de diálogo nos den las respuestas que exige la realidad nacional, resolviendo los pedidos, entre ellos la rebaja del precio de los combustibles y la nivelación de los precios de los productos que usamos o consumimos a diario, lo cual es un tema de no tan fácil solución, porque hay que tener en cuenta lo que nos cuestan los productos importados y lo que hay que gastar para su producción.
Una consulta popular costaría algunos milloncitos, dinero que podría ser destinado a alguna institución que realmente los necesite, el IESS por ejemplo; pero, si tan necesaria es, no queda otra.