Columnas

El gran juego de Biden

"...frustrar Nord Stream 2 podrían haber asestado un golpe letal a la alianza transatlántica"

Joe Biden está a punto de embarcarse a Europa como presidente de Estados Unidos. Luego de una cumbre del G7 en Inglaterra, asistirá a una de la OTAN en Bélgica y después a una reunión bilateral con el presidente ruso, Vladimir Putin, en Ginebra. Aunque Europa será el escenario, el foco en definitiva estará puesto en China, pues su prioridad estratégica es armar una respuesta occidental unida frente al comportamiento chino. 

La creciente asertividad y desprecio por Europa por parte de China han deteriorado las opiniones de muchos líderes europeos sobre el régimen de Xi Jinping, lo que crea una oportunidad que Biden no va a desperdiciar. El gasoducto Nord Stream 2 que conecta a Alemania con Rusia hoy está en el centro de los esfuerzos de Biden por alejar a Europa -en particular a Alemania- de China. 

Durante años, Biden lo ridiculizó calificándolo como “un mal acuerdo para Europa”, con el argumento de que ponía en peligro la seguridad del continente, y en especial la de Polonia, Ucrania y los estados bálticos. Los esfuerzos norteamericanos por frustrar Nord Stream 2 podrían haberle asestado un golpe letal a la alianza transatlántica, por lo que en un giro de 180° inesperado, EE. UU. levantó las sanciones contra la compañía que está construyendo el gasoducto. Desde entonces, el ministro de Relaciones Exteriores alemán, Heiko Maas, ha hablado efusivamente sobre “las relaciones realmente excelentes que hemos forjado con la administración Biden”. 

Uno de los mayores ganadores, por ahora, es Putin. Cuando Nord Stream 2 entregue gas ruso directamente a Alemania a través del Mar Báltico, el Kremlin podrá cortar suministros a países de tránsito como Ucrania. Pero si bien no se puede negar que la seguridad, finanzas y hasta la independencia de Ucrania han sido puestas en duda, la administración Biden fue inteligente al reconocer que no podía frenar el gasoducto y decidió usar la aceptación del proyecto para ganar más cooperación de Alemania sobre la política estadounidense hacia China. 

Por su parte, China considera que Europa es aún más decadente y esclerótica que EE. UU. y ha venido prodigando maltratos al continente, emitiendo incluso sanciones individuales contra legisladores holandeses y miembros del Parlamento Europeo. En respuesta, el Parlamento Europeo ha bloqueado la ratificación del borrador del Acuerdo Integral de Inversión (CAI), un trato que la Comisión Europea acordó con China en diciembre pasado, desdeñando abiertamente el pedido de la entrante administración Biden de consultas previas sobre el tema. 

Biden ha reconocido la realidad y extrajo de ella beneficios materiales. Ahora es sumamente improbable que los europeos permitan la implementación del CAI en lo inmediato. En cuanto a la Rusia de Putin, Biden parece confiado en que Occidente tenga la capacidad de contenerla y quizá alejarla también de China. Existe un claro argumento de que la creciente dependencia de China no favorece el interés de seguridad nacional de Rusia y este es supuestamente el mensaje que Biden le transmitirá a Putin en Ginebra. Biden entiende que la alianza transatlántica es fundamental para la seguridad económica y nacional de EE. UU. 

Es por eso que está dispuesto a correr el riesgo de facilitar los intereses económicos rusos para fortalecer la posición de Occidente frente a China. Anclar a Alemania firmemente dentro de un frente occidental unido para interactuar con China puede resultar uno de los logros diplomáticos decisivos de Biden. Es un gesto audaz que exorciza el trumpismo de la política exterior norteamericana.