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Bernardo Tobar Carrión | El jaque de Ormuz

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Si Washington detuvo el jaque mate e invirtió los papeles, solo el tiempo lo dirá

Desde que Venezuela introdujo el socialismo, China pasó a ser, obviando al crimen organizado, el principal proveedor de fondos de la narcodictadura: 60 billones desde 2007, con acuerdos de pago en petróleo a precio descontado. El modelo, de cuestionable conveniencia financiera para el deudor, sobrepasa las condiciones comerciales y tiene implicaciones en los principales frentes del ajedrez geopolítico. Han lucrado de estos arreglos unos aliados más oscuros que las sombras que ocultaban sus movimientos, triangulaciones y alquiler de banderas para mover crudo sancionado, oro de minas explotadas por el Tren de Aragua y dinero negro que, según investigaciones judiciales, burlaba los controles financieros a través de Teherán. Solo había que ver el alineamiento de estos actores a la hora de votar en los organismos internacionales, transmutados en instrumentos del totalitarismo que sus cartas decían combatir.

Por otra parte, el control de Caracas sobre las mayores reservas de petróleo era un elemento clave de la estrategia para sustituir al dólar como moneda de reserva global, sueño largamente acariciado por Putin, Xi-Jinping y su corte persa, que no le hacían la pelota a Maduro por la receta de las arepas, como dijo un notable venezolano exiliado. No es coincidencia que en medio de la guerra que actualmente estrangula al estrecho de Ormuz, por donde pasa más de la mitad del crudo que compra el gigante asiático, Irán intente forzar acuerdos en yuan a cambio de permitir una logística sin contratiempos explosivos, como tampoco lo es que Moscú y Pekín hayan sido los mayores suministradores de armamento y componentes militares a la teocracia islámica.

El patrón salta a la vista, control del suministro energético, la reina del ajedrez; fortalecimiento militar de Irán y sus brazos terroristas, alfiles que atacan a Israel, la torre de Occidente en Oriente Medio, y se cuelan a través de Río Grande en operaciones coordinadas desde la mayor embajada de Irán, que, otra coincidencia inexplicable, está en Ciudad de México. ¿El rey a destronar? El Águila y su dólar. Y para debilitar el tablero cultural, el caballo de Troya cargado de peones ‘woke’ y tontos útiles buenistas, comparsa de victimistas. Si Washington detuvo el jaque mate e invirtió los papeles, solo el tiempo lo dirá. Lo que sí ha quedado al descubierto es la identidad de titiriteros y partidarios de blancas y negras.