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Abelardo García: Lo tiene claro

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El Gobierno tiene claro que no dispone de tiempo para abordar grandes transformaciones ni ser el eje de grandes cambios

Hace pocos días, en el programa de Ecuavisa, Contacto directo, en su comparecencia frente a Lenin Artieda, la nueva ministra de Educación, más allá de demostrar seguridad y aplomo, dejó ver que al momento tiene muy claras las cosas en las que ha de empeñarse desde su cartera de Estado.

En efecto mencionó que habría que trabajar prioritariamente en ejes como la seguridad estudiantil y docente, la infraestructura de los establecimientos públicos y la alimentación escolar. Con ello reveló una vez más, que lo urgente en ocasiones debe priorizarse ante lo importante y necesario, pues entenderíamos que esas metas visibles y palpables han sido los primeros encargos recibidos.

Así es, posiblemente no de tintes pedagógicos, los primeros flancos a atacar hablan de que el Gobierno tiene claro que no dispone de tiempo para abordar grandes transformaciones ni ser el eje de grandes cambios. Además de que políticamente, y eso lo entendemos, cuando se tiene en miras una reelección, ha de ponerse todos los esfuerzos en conseguir aquellas cosas que puedan ser rápidamente percibidas y asumidas por la población votante. No restamos importancia a esas exigencias que por de más deben ser atendidas pero sí es válido también trabajar en el largo aliento, en el largo plazo.

Se habló asimismo en la entrevista de educar en valores y de la reforma curricular, temas complejos y de gran exigencia para el ministerio y la sociedad en general.

¿Qué ciudadano queremos tener? ¿Qué buscamos conseguir? Y entonces sí, para alcanzarlo, estructuremos currículos que lo permitan y se encaminen en esa dirección.

Más complejo sí resulta aquello de enfrentar la educación en valores, pues esto implica un ‘mea culpa’ total de la sociedad y un deseo generalizado de cambio.

La pura teoría no basta cuando el mal ejemplo cunde y las provocaciones negativas se multiplican.

Así puede verse al hablar de reinserción escolar, que luce fácil desde fuera, ignorando que el dinero mal habido en manos del alumno desertor resulta un gran óbice para volver a las aulas, según estos, por nada.