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Diario Expreso Ecuador

Ser y parecer

En un Ecuador marcado por la desconfianza, el problema no es si el CNE actuó mal. Buena parte del país, actúe como actúe, ya decidió que sí

Consejo Nacional Electoral.

Consejo Nacional Electoral.Tomado del CNE.

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‘Coincidencia’ es una palabra que últimamente trabaja horas extra en Ecuador. Un video reveló que, el 19 de agosto, en un hotel de Portoviejo, el candidato oficialista de ADN a la Prefectura de Manabí se sentó con el delegado provincial del CNE en Manabí y con uno de los vocales de la Junta Provincial Electoral. Dos días después, esa misma Junta, con el mismo vocal votando, aceptó las objeciones de ADN y sacó a Luisa González de la contienda. El delegado explicó que todo fue “pura coincidencia”.

No sé qué se trató en la reunión ni tampoco si la eliminación de la candidatura tuvo algo que ver con ese encuentro. No hay, hasta ahora, evidencia precisa de ninguna de las dos cosas, y exigir que la haya antes de opinar es lo mínimo. Pero eso no es lo que realmente me interesa. El problema no es si el CNE actuó mal. Buena parte del país, actúe como actúe, ya decidió que sí.

Un árbitro electoral debe ser imparcial y parecerlo

Es que el árbitro electoral administra algo muy frágil: la disposición de los perdedores a aceptar que perdieron. En democracia siempre hay miles de personas cuyo candidato no gana, y lo que las convence de decir “perdimos” en lugar de “nos robaron” es la creencia de que quien contó los votos no estaba parcializado. Por eso al CNE no le basta con ser imparcial, tiene que parecerlo, incluso cuando eso signifique explicar las reuniones de sus funcionarios.

Y los números explican por qué esto no es una sospecha caprichosa. Según el Barómetro de las Américas, apenas 26 % de los ecuatorianos confía en sus elecciones, frente a 39 % en el resto de la región. La satisfacción con la democracia se desplomó de 56 % en 2021 a 26 % en 2023. Y regionalmente, entre quienes confían poco en las instituciones solo 43 % respalda la democracia, contra 78 % entre quienes confían mucho. La brecha son 35 puntos, que pueden ser la diferencia entre la vida y la muerte del sistema.

Así, no hace falta demostrar que el CNE respondió a intereses ajenos para advertir el problema. Al organismo le corresponde no dar motivos razonables para pensarlo. Porque en este país hasta las coincidencias, últimamente, resultan sospechosas.

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