Productividad en la sombra
El uso de inteligencia artificial en empresas crece sin control, elevando riesgos en seguridad de datos y falta de regulación interna.

El uso de chatbots sin políticas internas puede exponer información confidencial de clientes y generar riesgos legales para las empresas.
Hace pocos días leí un estudio de VML The Cocktail y Salesforce (una consultora digital y una firma de software empresarial) con un dato esperable: el 56 % de los trabajadores ya usa inteligencia artificial en su empleo. Y otro que me dejó pensando: de ellos, el 61 % lo hace sin control de su empresa. Que la mayoría la use no preocupa; que la mayoría lo haga sin control alguno, sí.
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La razón no está en la herramienta, sino en el vacío que la rodea. Todavía pocas empresas en el país han definido qué herramientas pueden usar sus miembros, con qué datos y bajo qué condiciones. Así, alguien puede volcar información confidencial de clientes en un chatbot público sin infringir ninguna norma interna, sencillamente porque esa norma no existe.
Prohibir la IA de forma general rara vez funciona, porque quien la encuentra útil la usará igual. El riesgo es que ese uso avanza en la sombra hasta que un dato filtrado lo vuelve visible de golpe. De ahí que la verdadera diferencia no esté entre quienes la permiten y quienes la prohíben, sino entre quienes ya fijan reglas claras para usarla y quienes aún no se lo plantean.
Empresas sin normas enfrentan riesgos de datos
Una norma clara no nace para frenar la tecnología, sino para repartir mejor lo que produce: protege al cliente, ordena al trabajador y resguarda a la propia institución. Cuánta confianza podría conservarse, y cuántos conflictos evitarse, si esa regla se escribiera antes de que llegue el primer problema.
José Alberto Díaz Montenegro