Nunca es tarde para la ética, la eficiencia y la transparencia
Su ejecución debe iniciarse ahora, con visión de largo plazo.
Para que nuestro país ejecute una lucha efectiva contra la corrupción se requiere prevención, la cual se logra con control interno en cada entidad pública, cuya responsabilidad recae en los presidentes de los poderes del Estado y máximas autoridades. Incluye ética; gestión de riesgos con énfasis en procesos con mayor exposición a errores e irregularidades, como contratación pública, recaudación de ingresos, gestión de talento humano; transparencia con información accesible y de calidad para facilitar el control en línea y auditoría social; y evaluación continua de efectividad de los controles. La investigación debe ser efectuada por auditores y fiscales con valores éticos y altas competencias profesionales; ellos deben contar con recursos tecnológicos que permitan recopilar evidencias, dentro y fuera del país, ágil y oportunamente, y recibir apoyo internacional especializado. Es indispensable que las instituciones se fortalezcan -sobre todo Contraloría, por la bochornosa corrupción de sus máximas autoridades- y aplicar sanciones con sentencias fundamentadas en derecho para que los culpables paguen sus delitos y el Estado recupere los recursos públicos robados por malos servidores públicos, contratistas y otros. Si la impunidad subsiste y se permite que los atracadores sigan gozando de lo robado, no habrá cómo luchar efectivamente contra la corrupción. La administración de justicia requiere jueces con capacidad probada y valores éticos, por eso es indispensable una evaluación del sistema en su conjunto, y contar con un Plan Nacional de Ética y Transparencia que incluya prevención, investigación, sanción y recuperación de lo robado. Su ejecución debe iniciarse ahora, con visión de largo plazo.
Mario Andrade Trujillo