El quichua en Ecuador: una lengua ancestral que lucha por sobrevivir
El quichua pierde hablantes por varios factores, pero su riqueza lingüística demuestra que continúa siendo parte fundamental de la identidad del país

El quichua, una lengua ancestral de Ecuador, enfrenta una reducción de hablantes, pero mantiene su riqueza cultural y lingüística.
Desafortunadamente, el número de hablantes de quichua se reduce en Ecuador. Entre los factores que contribuyen a este proceso están la migración, la globalización, la discriminación social, el abandono oficial y los cambios generacionales. En un pasado no tan lejano, muchas más personas hablaban esta lengua en las zonas andinas y amazónicas, por lo que el quichua expresaba vivamente la identidad histórica del país.
Cartas de lectores
Conservatorio Antonio Neumane: ¿cuándo volverá a funcionar en su edificio de Guayaquil?
Cartas de lectores
Una lengua con una estructura propia
El quichua (quechua) posee una estructura lógica: una raíz invariable con significado nominal o verbal recibe sufijos que modifican, precisan o amplían su sentido. Por ejemplo, -cha forma diminutivos: tika = flor; tikacha = florecita. También permite crear nuevos significados: waylluy = amar; waylluypa = volver a amar. El sufijo -ch puede expresar duda: wayrachacha = acaso será el viento.
Algunas palabras solo pueden traducirse a lenguas occidentales mediante frases: ayni = hoy por ti, mañana por mí; phashikuyki = te agradezco desde el fondo de mi corazón. Otros sufijos expresan obligación, como rikanay = debo ir. Además, el quichua concibe el tiempo y el espacio de manera integrada mediante la palabra pacha. Su concepción del tiempo también difiere de la occidental: el pasado está adelante porque puede ser “visto”, mientras el futuro está atrás.
Cartas de lectores
Inteligencia artificial: el riesgo de que las tecnológicas sean sus propios jueces
Cartas de lectores
El quichua también expresa sensaciones
Otra característica singular son las voces onomatopéyicas que expresan sensaciones: achachay (¡qué frío!), arraray (¡qué calor!) y atatay (¡qué asco!). Gracias a la aglutinación, una sola palabra puede contener el significado de toda una frase, como yachachiwankichu = ¿vas a enseñarme?
El quichua también ha demostrado ser una lengua apta para la literatura. En ella se han escrito relatos, poesía y novelas. Un ejemplo es Aqupampa, Llanura de Arena, de Pablo Landeo, novela sobre los migrantes andinos en las grandes ciudades, que recibió el Premio de Literatura 2016 en Lima. Su reconocimiento demuestra que, pese a las dificultades y al menosprecio, el quichua continúa resistiendo y conservando su valor como lengua ancestral.
Ileana Almeida