¿Pérdidas o ganancias?
Termino atribuyéndome una oportuna interrogante, autoría de los Simpson: “¿Es un final triste o un final feliz? ¡Es un final y basta!”
Al cabo de tortuosos, trágicos e interminables días y, dejándonos un sabor amargo, concluyó, al fin, el paro indígena, con un empate técnico de 0-0 para algunos analistas; para otros, con goleada fenomenal y una sustancial pérdida para la gran mayoría de ecuatorianos honestos, trabajadores y patriotas, cuyo ferviente deseo es trabajar hombro a hombro, por su bienestar personal y por el progreso y engrandecimiento de la patria. El pírrico triunfo que, supuestamente, se atribuye el millón de alborotados manifestante, sin duda está en contra de los más de 17 millones de dignos y honrados ciudadanos que contrarrestan el mal y anhelan vivir en libertad, paz, justicia y democracia. Los mal llamados manifestantes, entre los que cuentan humildes campesinos y en los que están involucrados delincuentes comunes, asaltantes y sicarios, manipulados por terroristas, agitadores políticos y grupos subversivos nacionales y extranjeros, no tuvieron ningún reparo en impedir la libre circulación de peatones y vehículos alrededor de todo el territorio nacional, realizando simultáneamente y a mansalva, saqueos, secuestros, robos, asesinatos; derribando árboles, destruyendo e incendiando llantas, vehículos, patrulleros, edificios, UPC y más bienes públicos y privados; causando desmanes y destrozos de toda clase, con un saldo negativo de incalculables y millonarias pérdidas económicas, que a futuro, tendremos que asumirlas todos los ecuatorianos, incluyendo sus propias comunidades.
Termino atribuyéndome una oportuna interrogante, autoría de los Simpson: “¿Es un final triste o un final feliz? ¡Es un final y basta!”.
Fabiola Carrera A.