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Diario Expreso Ecuador

Entre pasión y negocio: el verdadero rostro del Mundial de fútbol

El Mundial de fútbol despierta pasión en millones de personas, pero también mueve intereses económicos. Detrás del espectáculo aparecen negocios millonarios

El Mundial de fútbol moviliza millones de dólares y despierta pasión en todo el planeta.

El Mundial de fútbol moviliza millones de dólares y despierta pasión en todo el planeta.Archivo

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Ese fue el nombre que puse a una clase de sociología en tercero de bachillerato, allá por 2010.

Los chicos, al unísono, me corrigieron: “No señor, es el campeonato mundial”. Luego de ello, y entrando en un análisis con pensamiento crítico, poco a poco se fue descubriendo la realidad oculta tras el nombre de esa competencia.

Demostramos que el mundial de fútbol no es otra cosa que una gran vitrina para hacer negocios; se ofertan infinidad de productos y así se explota la algarabía de millones de personas en todo el mundo. Miles de millones de dólares se mueven en viajes, hoteles, entradas, viáticos de periodistas, espectáculos artísticos, recuerdos y un largo etcétera.

La pasión que mueve millones alrededor del fútbol

Nadie discute que el fútbol desata pasión, produce emociones y fascina; basta una pelota, una calle o una pequeña cancha, un grupo de amigos y, ¡a jugar!

Tampoco se discute el apego por un equipo determinado: compramos su uniforme, gorra, llavero o cualquier objeto para identificarnos con sus colores, con su marca. Vemos sus partidos por TV o vamos al estadio a sufrir o gozar… es nuestro equipo.

Pero tras bambalinas está lo duro, lo inhumano. De cada selección nacional, integrada por unos 26 jugadores, puede decirse que son privilegiados: representan a su país y, de ser ‘vistos’, pueden lograr contratos jugosos en otros equipos.

Muchos de esos jugadores provienen de sectores pobres y tienen la esperanza de mejorar su situación y ofrecer dignidad y seguridad a sus familias; el fútbol es su tabla de salvación para alcanzar una vida digna.

Los jugadores que no están en la selección siguen en sus equipos, muchos con salarios bajos o impagos, afrontando arriendos y necesidades familiares en educación, salud y alimentación. Viven en incertidumbre y, cuando llega el final de la carrera, cerca de los 40 años, algunos logran invertir o formarse en otra profesión; otros, con salarios miserables, quedan sin opciones.

Sobran casos de exjugadores que un día nos dieron alegrías y hoy viven en la miseria o piden ayuda para comprar medicinas. ¡Qué ironía de la vida!

Por lo tanto, ¿estamos o no a las puertas de La gran feria mundial de fútbol?

Daniel Uyaguari

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