¡Para el niño, en su día!
Niño amado de la vida, tu obligación es querer, al mar de vicisitudes que trajiste al nacer
Revestido de pureza, tú vienes del cielo niño, del fruto de las entrañas de una madre que ha parido.
Niño nacido del alma, de la carne y de la vida; del amor, de la pasión, o de la maldad, concebido, pero mereces vivir por ser niño bendecido.
Nacido de noble cuna y de un amor muy sincero, o en un hogar muy humilde y de aires arrabaleros, eres y serás siempre el fruto, de la unión de los dos sexos; que plasman en ti la vida, para siempre y sin remedos.
Y viste la luz un día en que ansiaban conocerte, un misterio en las entrañas que nadie quiere perderse y naciste niño hermoso, hombre o mujer verdadero y que al escuchar tu llanto..., todos lloramos sinceros; porque has nacido niñito, del cofre de vientre materno.
¡Por fin, llegaste a este mundo...!, llegó el niño del deseo, a surcar con esperanza sendas que irás recorriendo; porque al vaivén de la vida mil caminos, vas abriendo.
Con pasos cortos primero y luego con otros bríos,
irás buscando el destino, incluso con desatinos para llegar a un final.
Poco a poco saldrán rasgos de tu personalidad que a veces padres y abuelos, con exceso de experiencia, queremos siempre cambiar.
Pero sigues tan campante y arrogante por la vida y aunque casi esté perdida siempre luchas por de más; porque eres niño destinado..., a brillar sin claudicar.
Niño amado de la vida, tu obligación es querer, al mar de vicisitudes que trajiste al nacer.
Pero el Creador te pide, amar, luchar sin cuartel; la felicidad te espera, al recorrerlo con fe.
Y aunque se espera que tengas parecido a tu familia, eres único en la vida por tu huella digital, por eso decimos siempre: eres niño sin igual.
Siempre amable y compasivo, estudioso, divertido y de alegría total, eres de la familia el cetro que todos quieren besar. Tu sonrisa, rayo de sol... que nadie puede imitar.
Nunca te des por vencido, eres de Dios su querer y de tu familia el faro..., que alumbrará su vejez.
Niños de todas las razas, hoy me inclino reverente ante ustedes con amor, por su alma sempiterna.
¡Y la llevo aquí engarzada dentro mi corazón...!
Myrna Jurado de Cobo