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Diario Expreso Ecuador

Minería en Ecuador: la licencia social se construye con desarrollo local

La licencia social de la minería se construye con resultados concretos que demuestren que la riqueza de los territorios se transforma en bienestar

Representantes de comunidades y del sector minero observan una operación extractiva, en una imagen que refleja la importancia del diálogo, la confianza y el desarrollo local.

Representantes de comunidades y del sector minero observan una operación extractiva, en una imagen que refleja la importancia del diálogo, la confianza y el desarrollo local.Imagen generada con CHATGPT

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La reapertura del catastro minero no garantiza, por sí sola, la llegada de inversión. La seguridad jurídica es indispensable para atraer capital de largo plazo y, mientras el catastro permanezca cerrado, Ecuador debe fortalecer los mecanismos que permitan canalizar recursos hacia la exploración. Sin embargo, aun cumpliendo estas condiciones, persiste un desafío que ninguna reforma legal puede resolver por sí sola: la licencia social.

La licencia social tiene tres actores

La minería se desarrolla en territorio, donde conviven comunidades, gobiernos locales y distintas expectativas. Por ello, ninguna operación puede sostenerse sin confianza. Aunque suele plantearse como una relación entre empresa y comunidad, existe un tercer actor determinante: el Estado.

La Ley de Minería y su Reglamento establecen que parte de las regalías debe destinarse al desarrollo de las zonas de influencia, atendiendo necesidades básicas y financiando obras que mejoren la calidad de vida. Si un territorio aporta recursos estratégicos al país es razonable que también participe de sus beneficios.

Por ello, la licencia social no debe construirse solo con compromisos empresariales, sino con resultados concretos. Una carretera, agua potable, un centro de salud o una escuela pueden demostrar que la riqueza minera también puede convertirse en desarrollo local.

Uno de los principales desafíos está en cómo esos recursos regresan a las comunidades. La burocracia, la falta de planificación y el desconocimiento de los mecanismos legales debilitan el vínculo entre minería y desarrollo. Cuando la población no percibe mejoras en servicios, infraestructura u oportunidades, es comprensible que cuestione los beneficios de la actividad.

La confianza se construye con resultados

Esto no exime a las empresas de cumplir sus obligaciones ambientales y sociales, actuar con transparencia, respetar a las comunidades y mantener un diálogo permanente. Pero la licencia social difícilmente se consolidará si el Estado no garantiza que parte de la riqueza minera retorne efectivamente a los territorios donde se genera.

La verdadera licencia social no es una autorización ni una estrategia de comunicación: se construye cuando las comunidades comprueban, con hechos, que los recursos minerales se transforman en bienestar para su territorio.

Eduardo Chang Dávila

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