¡Mi Guayaquil de antaño!
Son antiguas costumbres, son recuerdos añejos. ¡Colmados de nostalgia... y con sabor a viejo...!
¡Mi Guayaquil de antaño...! Cómo añoro los años, del pasado vivido, por todos compartido.
Tu cielo diamantino y las calles silentes..., son dorados recuerdos de un pasado ya ausente.
La Misa cotidiana, llenaba los confines y las cuitas de amor..., sonaban cual violines. Los niños jugueteaban... al son de la rayuela, de los consejos y máximas de padres y de abuelas. Los jóvenes felices..., volaban en patines, haciendo mil piruetas..., cual baile de delfines.
El béisbol, Barcelona y las carreras de caballos..., unían a las familias en polvosos estadios. Balcones y ventanas, estaban florecidos..., por las guapas muchachas que buscaban marido. Sonaban inquietantes los silbos esquineros y en las calles la gente con traje dominguero.
¡Oh mi Guayaquil de antaño! En el pasado lejano, el respeto era hermano de cualquier ciudadano. La palabra empeñosa y la moral en alto, le daban a la gente un singular encanto. Las miradas decían lo que el alma callaba... y los fieles amigos a diario visitaban.
¡Qué paz se respiraba!, en calles y avenidas, parecíamos jilgueros disfrutando la vida. En casa las tertulias, recreaban el alma, el piano y la costura, nos llenaban de calma. Las chichas y suspiros endulzaban los santos y en el portal los grillos, las ranas y los zancos.
¡Oh mi Guayaquil de antaño!, mi querido Astillero, Las Peñas, Puerto Liza y los hombres con sombrero. Son antiguas costumbres, son recuerdos añejos. ¡Colmados de nostalgia... y con sabor a viejo...!
Myrna Jurado de Cobo