Matilde Hidalgo: la ecuatoriana que abrió el camino al voto femenino y la educación
Matilde Hidalgo fue pionera en educación, medicina y sufragio femenino, y abrió un camino decisivo para las mujeres en Ecuador

Matilde Hidalgo de Procel fue una pionera de la educación, la medicina y los derechos políticos de las mujeres en Ecuador.
Hay nombres que permanecen en los libros de historia y otros que, además, perduran en la memoria colectiva de un pueblo. Entre estos últimos está Matilde Hidalgo de Procel, una ecuatoriana cuya vida estuvo marcada por la decisión de avanzar allí donde las circunstancias sociales imponían límites.
Buenavida
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Nadia Larco Bravo
Nació en Loja en 1889 y desde temprana edad encontró en el estudio la manera de construir su camino. En una época sin igualdad de oportunidades educativas para las mujeres, Matilde perseveró hasta convertirse en la primera ecuatoriana en obtener el bachillerato.
Una pionera de la medicina en Ecuador
Eligió la medicina como profesión y logró formarse en un campo dominado por hombres. Sus estudios en Cuenca y Quito la llevaron a obtener el doctorado en Medicina, convirtiéndose en pionera de esta profesión en el país.
En 1924 protagonizó un episodio decisivo para la democracia ecuatoriana al reclamar su derecho a votar en las elecciones nacionales. Su solicitud generó un debate sobre la capacidad jurídica de la mujer que concluyó con el reconocimiento de su derecho al sufragio. Aquel hecho convirtió a Ecuador en referente histórico del voto femenino en América Latina, consolidado constitucionalmente en 1929.
Matilde Hidalgo incursionó también en la función pública, demostrando que la participación femenina podía extenderse mucho más allá del hogar y las profesiones tradicionales.
Murió en Guayaquil en 1974. Su partida cerró una existencia extraordinaria, pero no borró su huella.
Hoy, al hablar de igualdad, educación, ciudadanía y participación femenina, resulta imposible ignorar a esta lojana que convirtió sus aspiraciones en una transformación nacional.
Matilde Hidalgo no pidió permiso para soñar: estudió, ejerció su profesión, reclamó sus derechos y dejó un camino abierto para las demás. Demostró que una mujer también puede cambiar el rumbo de una nación.
Elio Roberto Ortega Icaza