Mataron la esperanza
Esa sangre derramada debe ser recogida y guardada en un cofre como un símbolo al valor, al sacrificio
Me encontraba en un dilema: tragarme el dolor con sabor a hiel; ahogarme en un llanto de ira, de impotencia; quedarme callado cual cobarde; o exteriorizar lo que siento a través de este medio. Es imposible no opinar sobre el horrendo crimen de Fernando Villavicencio. Hay muchas dudas flotando: con amenazas serias de narcotraficantes y frente al odio y revanchismo de políticos y empresarios corruptos, debían extremar la seguridad en cantidad y calidad. No entiendo cómo sus compañeros y amigos cercanos dejaron que salga solo por la puerta principal y no por una puerta de escape, sin chaleco antibalas ni casco. Debía ser el último en salir. El vehículo no era blindado sino una camioneta cualquiera. ¿Por qué los encargados de la seguridad no cubrieron todos los accesos al vehículo, solo la puerta por donde ingresa Fernando? Nos quitaron la esperanza, le restaron al país un buen hombre, honesto, valiente, franco, decidido; para muchos la luz al final de este túnel de corrupción, podredumbre y mediocridad. Aniquilaron a alguien que estaba preparado para ser presidente, de los mejores. Esa sangre derramada debe ser recogida y guardada en un cofre como un símbolo al valor, al sacrificio; un legado de quien puso la patria por delante de su tranquilidad, de su vida y hasta de su familia, sabiendo que las más de 200 denuncias, la última la víspera de su asesinato, significaban cada una un enemigo y un peligro más para su vida; y que los corruptos, narcotraficantes, mafiosos de cuello blanco no le perdonarían jamás que haya desenmascarado sus pillerías y contribuido a que sean sentenciados por la justicia.
Ahora descansa en paz, Fernando.
C. Wellington Ríos V.