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Diario Expreso Ecuador

Jane Austen Wrecked My Life: aprender a crear desde las ruinas

Jane Austen Wrecked My Life muestra cómo la belleza y la creatividad nacen de las ruinas y las imperfecciones de la vida

Un rincón del pasado: hiedra frondosa trepando por un muro de piedra centenario que atesora las

Un rincón del pasado: hiedra frondosa trepando por un muro de piedra centenario que atesora las "Antigüedades del Jardín"Inteligencia Artificial

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“Haz sonar las campanas que todavía pueden sonar. Olvida tu ofrenda perfecta”, decía el poeta y músico Leonard Cohen en Anthem. Aquella frase me persiguió después de ver Jane Austen Wrecked My Life, la ópera prima de Laura Piani. No se trata de una escena en particular ni de un gesto romántico. Es una frase que contiene el corazón de la historia: la hiedra necesita ruinas para ser hermosa.

Aquella planta que se enreda sobre muros antiguos o casas en desuso no crece en el vacío. Necesita algo erosionado para existir de la manera en que la percibimos como bella.

En esa imagen asoma una verdad humana: lo bello no nace a pesar de las ruinas, sino gracias a ellas.

Hay algo profundamente agotador en esta era contemporánea sobresaturada de propaganda de autoayuda para convertirnos en versiones funcionales e impecables de nosotros mismos. Se nos dice que el dolor solo posee valor una vez superado y que lo roto es un obstáculo. Pero, ¿y si no? ¿Y si aquello que evitamos -la pérdida, las equivocaciones o la memoria incómoda- no es lo que nos detiene, sino precisamente lo que nos sostiene?

Bloqueos creativos y la perfección

En la película, Agathe (interpretada por Camille Rutherford) es una mujer bloqueada, convencida de que no es lo suficientemente buena para contar su propia historia durante una residencia de escritura. Desde ahí nace el mensaje más poderoso de la película: escribir no se gesta en la perfección, sino en las ruinas.

Agathe, en medio de un triángulo amoroso, intenta construir desde la idea del amor, sin hurgar en aquello que atraviesa su mente y su corazón. Y esa distancia es la que la bloquea.

Y no hace falta ser escritor para reconocer ese mecanismo. ¿Cuántas veces dejamos de crear o reinventarnos por temor a afrontar una verdad que yace en el espejo silencioso de la honestidad?

Aprender a crecer desde lo roto

La metáfora de la hiedra invita a reconocer que lo vivido, con todas sus imperfecciones, puede ser materia prima para construir desde aquello que aún no entendemos del todo. Al final, como dice el sencillo y profundo mensaje de la película (en HBO Max), no se trata de eliminar las ruinas ni de romantizar el dolor, sino de aprender a crecer sobre ese campo fértil. Quizá, en ese gesto humano e íntimo, comprendemos que la belleza no nace de lo intacto, sino de aquello que decidió seguir creciendo.

Frances Swett

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