Igual de salvaje
La diferencia está en que a Fernando lo mataron a patadas y golpes de puño, mientras que a los no nacidos los asesinaron con pinzas y succionadores
Continúa el juicio contra los ocho rugbiers (jugadores de rugby) imputados por el asesinato de Fernando Báez Sosa, joven de 19 años que murió tras ser atacado a golpes a la salida de un boliche en Villa Gesell, en Argentina, en enero de 2020. El joven, que soñaba con ser abogado, fue atacado a golpes por un grupo de ocho rugbiers. Las lesiones corporales ocasionadas por golpes de puño y patadas fueron las que le ocasionaron la muerte. La autopsia al cuerpo especifica que el joven murió de forma traumática, por un paro cardíaco traumático por shock neurogénico, producido por múltiples traumatismos de cráneo, que generaron hemorragia masiva intracraneana intraparenquimatosa. El estudio forense también dictaminó “múltiples escoriaciones y equimosis en región maxilar y cara lateral de cuello, entre las que se distinguen dos improntas de pie calzado”. El cuerpo de Fernando presentaba “traumatismo cerrado de abdomen con laceración hepática, y hematomas en intestino grueso, producto de múltiples traumatismos cerrados”. Un crimen tan salvaje como los 25.894 abortos que se realizaron en el primer semestre de 2021, en Argentina, luego de su legalización. La diferencia está en que a Fernando lo mataron a patadas y golpes de puño, mientras que a los no nacidos los asesinaron con pinzas y succionadores.
Mario Monteverde Rodríguez