IA y tecnofeudalismo: riesgos del avance imparable de la inteligencia artificial y su impacto social
Cegados por un falso progreso, nadie volverá a ser libre si no resiste a la colorida tentación material y camina a contracorriente

La falta de control en el desarrollo de la IA nos enfrenta a grandes retos.
Todo se centra en la renta: no perderla, aumentarla y ¡zas! la ultravelocidad innovadora. Este instinto arrastra al mundo hacia una transformación tecnológica fundacional: la revolución de la IA, que reemplaza a la revolución industrial de hace 270 años. El cambio es imparable, como la avaricia, y avanza a una velocidad asombrosa hacia un colapso autogenerado.
Se ciernen grandes retos por la lógica descontrolada de la IA, como el vertiginoso crecimiento de la demanda energética, que hoy depende de la “magia del mercado”. Para reducir el calentamiento operativo, las plantas procesadoras se trasladan al subsuelo marino alimentadas por energía eólica. ¿Afectará esto al ecosistema? Nadie se lo pregunta. Así, nuevos inventos solares y tecnológicos quedan en manos de un corporativismo global tecnofeudal.
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Esta dinámica altera lo menos apreciado por el sistema: la mano de obra. El reemplazo humano por la IA es un hecho; a las corporaciones no les duele el sufrimiento, sino la desaparición del consumo. Millones de personas quedarán sin empleo ni ingresos, dejando al mercado sin clientes. Ante la parálisis, resurge la propuesta del “Ingreso Básico Unitario” para generar circulante y mantener las compras.
Vida digital, control y pérdida de autonomía social
Por último, emerge la lógica de vivir maquinalmente. En un estado de alerta digital permanente, se pierde el carácter social de la vida. Esta estandarización es, para los incautos, un vasallaje y una pérdida de autonomía. Cegados por un falso progreso, nadie volverá a ser libre si no resiste a la colorida tentación material y camina a contracorriente.
Federico P. Koelle D