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Diario Expreso Ecuador

“Esperando a Godot”: el teatro que invita a preguntarnos qué esperamos de la vida

La obra “Esperando a Godot” llega a Guayaquil con una puesta basada en el mimo corporal dramático que explora la espera y los anhelos

Esperando a Godot tendrá funciones hasta el próximo 19 de julio en el Estudio Paulsen.

Esperando a Godot tendrá funciones hasta el próximo 19 de julio en el Estudio Paulsen.Cortesía Estudio Paulsen

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-¿Cómo estás? -le preguntaba.

-Esperando a Godot -me respondía.

Durante años esa fue la respuesta de mi padre. Yo sonreía. Había leído Esperando a Godot cuando estudiaba artes escénicas en Nueva York, pero la obra permaneció dormida en mi memoria hasta que esas conversaciones comenzaron a darle un significado distinto. La semana pasada, por fin, tuve la oportunidad de verla en escena en Guayaquil.

Los personajes de “Esperando a Godot” y sus formas de cautiverio

Dirigida por Luisa Cuesta desde el lenguaje del mimo corporal dramático, la puesta no intenta explicar a Beckett, sino invitar al espectador a habitar su universo. El cuerpo, el silencio y la metáfora dialogan con una fuerza que intensifica la profundidad filosófica de la obra.

Las interpretaciones son memorables. Ricardo Velasteguí construye un Estragón profundamente humano, lleno de humor, fragilidad y verdad. Michy Zelaya convierte a Lucky en una presencia conmovedora incluso en el silencio; cuando finalmente habla, parece que toda una vida de sometimiento encuentra una voz. Ángel Bayona ofrece un Vladimir equilibrado entre la reflexión y la sensibilidad, mientras Fernando Gálvez da vida a un Pozzo que encarna el poder y la necesidad de dominar para encontrar sentido. Junto a Lucky, representan dos formas distintas de cautiverio.

Salí del teatro pensando en esa espera que atraviesa nuestras vidas: aguardamos una oportunidad, un trabajo, el amor o ese instante perfecto que creemos marcará el inicio de nuestra verdadera existencia. Vivimos extraordinariamente ocupados esperando vivir.

La genialidad de Beckett consiste en no revelar nunca quién es Godot. Cada espectador llena ese vacío con aquello que siente que le falta. Godot termina siendo el reflejo de nuestros propios anhelos. ¿Qué estamos esperando para empezar a vivir?

Me enorgullece saber que en mi ciudad podemos disfrutar de un teatro como este: uno que no solo entretiene, sino que conmueve, incomoda y transforma. Gracias a la sensibilidad de Luisa Cuesta y al extraordinario trabajo del elenco, Esperando a Godot deja de ser un clásico para convertirse en una experiencia viva.

La obra se presenta en el Estudio Paulsen hasta el 19 de julio. Vale la pena emprender ese viaje.

Frances Swett

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