Dos moderadores, siete postulantes
La expectativa a nivel nacional solo quedo en eso, tornándose cansino en ciertos pasajes
Un tibio encuentro entre dos moderadores y siete candidatos, algo semejante a un test o banco de largas preguntas; la ciudadanía ansiaba respuestas satisfactorias y no someras, por cuestión del tiempo. Respuesta del candidato (60 segundos). Pregunta (15 segundos). Contrarréplica (45 segundos). Repregunta de otro candidato (15 segundos). Contrarréplica de (45 segundos) Tiempo total de las dos preguntas y dos respuestas (120 segundos). Además a eso no puede llamársele debate, pues etimológicamente es: discusión de diversas posturas u opiniones, especialmente si son opuestas y contraproducentes, controversiales, polémicas. Nada de esto se apreció, quizás dos o tres afirmaciones y desmentidos entre los participantes. Como las largas preguntas eran para todos iguales, escuchamos respuestas con ligeros matices, en el fondo de similares contenidos, sin procesos de innovación, avizorándose que carecían de principios e ideologías políticas. Las preguntas fueron cuidadosamente elaboradas para obviarlas en el debate; por la fuerza de la importancia tenía que estar como principio y fin la definición política de cada uno de los participantes, era el lugar adecuado para reafirmar sus tendencias políticas, pero como podrían resultar señalamientos desventajosos para ciertos participantes la identificación pasó cantando. El debate careció de chispa, de intervenciones elocuentes de sentido patriótico, hubiese sido interesante si entre los participantes se realizaban preguntas, y si las respuestas salían de tono, que interviniesen los moderadores. La expectativa a nivel nacional solo quedo en eso, tornándose cansino en ciertos pasajes.
César A. Jijón Sánchez