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Diario Expreso Ecuador

 

Cartas de lectores: No estamos educando en valores

Tenemos una escuela que perdona (justifica) todo error o mal comportamiento a los educandos

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Cuando una persona ha pasado por la escuela, el colegio, y posiblemente la universidad, comienza su búsqueda de empleo. Las empresas solicitan candidatos con honestidad, responsabilidad, seriedad, no consumir drogas, trabajar en equipo y habilidades blandas, pues estas competencias ayudan a la productividad; lo contrario perjudica y es un mal ejemplo. Ahora veamos casos reales del Sistema Educativo: la Policía no puede entrar a un plantel para revisar y descubrir posibles vendedores de droga o portadores de armas. Estudiantes que faltan a clases semanas o meses son reintegrados, ya no pierden el año por esta razón. Los educandos tienen derecho a entregar tareas atrasadas. Se brindan más oportunidades para mejorar notas. Clases asistidas que, para muchos, es una salvación. Un profesor que, de buena fe, interviene en un problema, puede ganarse un sumario administrativo. Jóvenes que mienten y pueden acusar a un profesor con facilidad. Padres justificando actitudes agresivas de sus hijos. Falta de respeto hacia los docentes por padres y estudiantes. El fallido Acuerdo 2023-55-A promovía la deshonestidad: permitía copiar trabajos académicos, usar material de consulta en una evaluación, etc. Nada de esto es secreto, la normativa legal sobreprotege a los educandos, volviéndolos casi intocables, con más derechos que responsabilidades, lo que promueve la pérdida de valores. Caso aparte son los estudiantes consumidores de drogas dentro del aula. La vieja escuela decía que “una fruta podrida contamina las otras”, totalmente vigente para este caso. Dejemos la hipocresía, ¿quién quiere a su hijo junto a un consumidor? Si bien ellos tienen derecho a la educación, esto perjudica la salud mental del resto de la población estudiantil y del personal docente, con el riesgo de tener más cerca a los microtraficantes. Es por eso que el Estado debería tener instituciones especializadas -tipo internado-, con asistencia médica permanente. No se propone volver a la época del palo, pero queda claro que algo está mal, lo que nos obliga a repensar la educación del país. Tenemos una escuela que perdona (justifica) todo error o mal comportamiento a los educandos, y ellos crecen pensando que su actitud es normal. Pero chocan con la realidad, donde se puede perder el trabajo o la familia por mal comportamiento, irresponsabilidad o por consumo de droga. En conclusión: la escuela debe ser un laboratorio de vida real.

Julio César Navas Pazmiño

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