Cartas de lectores | La FIL Quito: la pelota que vuela de cancha en cancha
El Municipio de Quito deja la organización de la feria por “las reformas al Cootad”
Quito siempre ha merecido una feria del libro a su altura -es la segunda capital más alta del mundo-, pero el ir de tumbo en tumbo, el cambio constante de organización al estilo ‘camisetazo’ de los partidos políticos, la ha herido de muerte. Una vez más este año hay cambios. El Municipio de Quito deja la organización de la feria por “las reformas al Cootad” y el viceministerio de Cultura y Patrimonio junto a la Cámara Ecuatoriana del Libro toman la posta, casi como un hecho de salvamento, al estilo Indiana Jones.
El Ecuador tiene una literatura amplia y luminosa, pero poco conocida internacionalmente. Precisamente la FIL venía a ser una puerta para que autores extranjeros conozcan al país literario. A la feria siempre iban los mismos autores reconocidos, ‘el club de amigos’; la curaduría internacional sí la compro, la nacional era una pantomima. El centralismo en las grandes metrópolis (los autores nacionales siempre son de Quito, Guayaquil, Cuenca), la exclusión de provincias pequeñas -acá también hay escritores excepcionales- y los retrasos en los pagos han sido el goteo constante que va erosionando la piedra.
En Ecuador, según cifras del Plan Nacional de Lectura, cada ciudadano dice leer 1 libro y medio al año como promedio, bajísimo; no por gusto nuestros estudiantes y hasta profesionales tienen ortografía deficiente. La Ley del Libro vigente tiene más de dos décadas y se ha quedado en el pasado, no se adapta a los tiempos modernos. Diario EXPRESO convocó el año pasado a los ciudadanos a proponer ideas para mejorar el país; allí expuse mi iniciativa de una Ley de Acceso Masivo al Libro y Fomento de la Lectura, práctica y pertinente para enfrentar el grave estado de la política pública en esta materia. El sector cultural ha salido en defensa de la feria, cada quien con su postura ha defendido su tesis; la mía es sencilla: sin lectura no hay futuro. Ojalá los responsables se alejen de las mentes cuadradas -como decía Benedetti- y empecemos a remar para el mismo lado, porque como va la cosa, la ola se nos viene encima y el barco se hunde. Ojalá algún día dejemos el ego a un lado y todos quienes fomentamos la lectura arrimemos el hombro y seamos un mismo puño. Es justo y necesario.
Pablo Virgili Benítez