Las celebridades en campaña
Famosos y figuras públicas llegan a la política en elecciones; la ciudadanía debe evaluarlos y exigir independencia ante la manipulación partidista

Algunas figuras públicas llegan a la papeleta porque el líder quiere encuestas que le digan quién va a ganar y políticos que sepan cómo seguir un guion.
Ahí van de nuevo, de un color andan pepa con pepudo, de otro viste un hazmerreír que te hace llorar. Entre ellos, ya casi todo el arcoíris lucen los comunicadores, artistas y celebridades que están haciendo campaña por las calles enlodadas y los campos que quizá pronto se inundarán. Por ahí se los ve abrazando a las señoras, diciéndoles “madrecita”, mientras buscan con su mirada la cámara o una seña del equipo de comunicación. Eso no les cuesta. Hablar con la gente, entrar en contacto físico con ellos, a veces en vivo y recibiendo instrucciones sobre la marcha, todo eso es normal para ellos. No es un trabajo fácil, y encima no es siempre bien remunerado (pregúntenles nomás a los excompañeros del compadrito).
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El problema no es su condición de celebridad
Y, aunque eso no le guste a todo el mundo, están en su derecho. Muchas personalidades han saltado de la pantalla a la palestra en Estados Unidos, en Italia y acá mismo, y por eso se han ganado la gratitud de mucha de su gente. Ronald Reagan, la Cicciolina (no me van a creer cómo se llamaba uno de sus partidos) y Rafael Guerrero Valenzuela, por dar algunos ejemplos. Por supuesto, también se ganaron detractores, y bien ganados. Pero no se trata de eso. El punto es cómo entran a las listas y qué hacen después (obvio, ¿no?).
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Hay figuras públicas que antes de entrar a la política han hecho claras sus posturas sin perder la credibilidad. Alguno hasta ha hecho, en la medida de lo posible en este país, vida de partido. Otros, en cambio, se han apuntado de arrastravotos y alzamanos. Llegan a la papeleta porque el líder quiere encuestas que le digan quién va a ganar y políticos que sepan cómo seguir un guion. Según ellos, en sus islas, sus torres y áticos desde los que mandan, para eso están los concejales y asambleístas, para sonreír y para hacer caso. Y la verdad es que no ven tan distintos al resto de sus candidatos.
El problema no es entonces a qué se dedican los candidatos célebres. Algunos, seguramente coincidiremos, son gente valiosa. Lo que hay que hacer es exigirles que se salgan del guion, ponerlos a prueba al igual que el resto y, si los esconden de la pantalla y del micrófono (qué ironía), castigar a su lista.