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Diario Expreso Ecuador

Desde la burbuja

Gobernar desde el privilegio en Ecuador lleva a que el discurso político ignore el impacto de los apagones y la falta de oportunidades económicas

¿Y qué les importa a quienes gobiernan si volvemos a quedarnos ocho horas sin electricidad, cuando sus casas ya cuentan con generadores y paneles solares?

¿Y qué les importa a quienes gobiernan si volvemos a quedarnos ocho horas sin electricidad, cuando sus casas ya cuentan con generadores y paneles solares?Archivo Expreso

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Hay una desconexión cada vez más evidente entre la clase política y la realidad de los ecuatorianos. Mientras millones de ciudadanos enfrentan a diario las dificultades de progresar económicamente, buena parte del discurso político parece construirse desde una realidad completamente distinta. Durante las campañas electorales vemos a candidatos recorrer barrios marginales, abrazar familias y romantizar la pobreza, intentando convencernos de que comprenden las dificultades de quienes apenas llegan a fin de mes. 

Escuchamos a políticos hablar de supuestas mejoras del sistema de salud pública, pero cuando enfrentan una enfermedad grave, algunos recurren rápidamente a tratamientos en el extranjero. No cuestiono su derecho a elegir dónde atenderse, sino la contradicción entre lo que predican y aquello en lo que realmente confían. 

No se puede empatizar desde la ignorancia

Algo parecido sucede con el desempleo. Autoridades que han vivido rodeadas de empresas familiares hablan de la falta de oportunidades sin necesariamente conocer la presión de mantener una familia con un sueldo que apenas alcanza para cubrir necesidades básicas. Siempre he dicho que tener el privilegio de nacer sin necesidades no te convierte automáticamente en una persona insensible, pero hablar desde la ignorancia sí.

 ¿Y qué les importa a quienes gobiernan si volvemos a quedarnos ocho horas sin electricidad, cuando sus casas ya cuentan con generadores y paneles solares? Para quien puede pagar una solución privada, la crisis es una molestia. Para quien no puede, puede, significar perder un día de trabajo, ingresos o alimentos.

En una columna anterior recordé la célebre frase atribuida a María Antonieta: “Que coman pastel”. Aunque no existe evidencia histórica de que realmente la pronunciara, la expresión se convirtió en un símbolo de la desconexión entre los gobernantes y las necesidades del pueblo. No hace falta haber pasado hambre para comprenderla, ni haber sufrido una enfermedad para reconocer las deficiencias de un hospital. Pero sí hace falta escuchar, conocer la realidad y tener la voluntad de mejorarla. Porque gobernar un país no debería consistir en garantizarse una salida de emergencia mientras el resto de los ciudadanos enfrenta la crisis.

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