Organismos internacionales
La ONU no ha muerto
ANÁLISIS. Guerra, amenazas entre potencias y fractura entre aliados convierten la Asamblea General en un escenario más relevante que en años anteriores

Un hombre expresando su apoyo con el puño durante una intervención en la 81ª Asamblea General de Naciones Unidas este jueves en Nueva York (EE.UU.).
Lo que se debe saber
- La Asamblea General dejó una imagen contradictoria: líderes que denuncian la inutilidad de Naciones Unidas mientras aprovechan su principal escenario mundial.
- La crisis del organismo no parece ser su desaparición, sino la creciente distancia entre sus discursos y su capacidad de actuar.
- La ONU volvió a Nueva York con una pregunta de fondo: ¿puede seguir siendo el gran foro mundial cuando sus principales actores cuestionan su autoridad?
Cada cierto tiempo se firma el acta de defunción de las Naciones Unidas, razones no faltan. Y cada septiembre, como en la anécdota de Mark Twain, el difunto aparece en Nueva York para aclarar que los rumores sobre su muerte son exagerados.
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Agencia EFE
Lo irónico es que fue la sospecha de muerte de la ONU la que nos puso a observar los discursos a través de redes con más atención que años anteriores. Pero esta vez, con el panorama bélico que vive el planeta, valía la pena mirar el único lugar donde todavía caben, en una misma sala, los líderes que pueden encender o apagar el mundo.
Primero, para orientarnos. La Asamblea General abre un nuevo período cada septiembre; el 81.º comenzó el día 8. Su momento estelar es el Debate General: durante una semana larga, cada uno de los 193 Estados miembros sube al podio una vez al año, con un límite voluntario de 15 minutos que casi nadie respeta.
Por tradición abre Brasil y le sigue Estados Unidos, el anfitrión; luego se ordena por rango. Será, además, la última Asamblea de António Guterres como secretario general. Hay que destacar que El poder vinculante está en el Consejo de Seguridad, donde cinco países tienen veto. La Asamblea es tribuna, no tribunal. Por eso importa quién habla y, sobre todo, quién escucha.
El fracaso del multilateralismo
La inteligencia danesa advierte un riesgo bajo pero creciente de que Rusia ataque de forma limitada a un vecino de la OTAN: huir hacia adelante, escalar para negociar desde la fuerza. Y en Washington se reveló que una amenaza iraní obligó a sacar a Trump de Turquía en secreto, con el Air Force One (avión presidencial) como señuelo.
Con ese telón de fondo, está reunión dejo de pasar desapercibida. Tal vez por eso Trump baso su intervención en la fortaleza de EE.UU., el fracaso del multilateralismo y a lanzar advertencias que solo demuestran lo delicada que se ha vuelto la posición Norteamericana en sus frentes militares.
El jueves, cuando Benjamin Netanyahu caminó al atril, cerca de 70 delegaciones salieron. Él invitó a los “cobardes morales” rezagados a irse también y habló con dureza contundente a quienes se quedaron. Trajo utilería: un buscapersonas, en recuerdo de la operación contra Hizbulá, y una antena Starlink para la delegación iraní.
Al terminar, el embajador Danny Danon cruzó la sala y se la ofreció en mano al diplomático de Teherán, que siguió de largo. Irán vive un apagón de internet desde febrero: el regalo era burla y diagnóstico a la vez. Sobre Gaza hay razones de peso para discrepar, pero fue la sesión con más likes del año.
¿Una organización inútil?
Un día antes había hablado el iraní Masoud Pezeshkian. ¿Éxodo? No. Solo salió el delegado estadounidense. Pezeshkian se presentó como víctima del terrorismo y ninguno de los indignados del jueves estiró las piernas.
El mismo régimen aplastó en enero las protestas: Teherán admite más de 3.000 muertos, las ONG documentan más de 6.000 y hay quienes hablan de 40.000. Ni la cifra menor admite tanta cortesía. Eso se llama doble rasero.
Y luego Milei. El titular fue el insulto: “organización inútil”. Pero vayamos más allá. Abrió prefiriendo una verdad incómoda a una mentira confortable, y ordenó su crítica en tres partes: lo que la ONU debió hacer y no hizo, lo que no debió hacer e hizo, y el desafío de la inteligencia artificial. Su tesis de fondo es seria: una institución cuya palabra no pesa sobre los hechos pierde autoridad; quien cumple no gana nada y quien incumple no paga nada.
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Nadia Larco Bravo
Toca un nervio real: el paraíso dorado de funcionarios que saltan de organismo en organismo firmando informes que nadie lee. Con ironía involuntaria, habló 19 minutos, cuatro más de lo permitido. Y aun así defendió los foros multilaterales.
Les recuerdo que la Sociedad de Naciones antecesora de la ONU, no murió por los insultos; murió de indiferencia, hasta que llegó 1939 y la guerra mundial.
La ONU, en cambio, ha sobrevivido al zapato de Jruschov, al azufre de Chávez y a mil discursos sin consecuencias. Todos la critican, pero todos siguen viajando a Nueva York para gritar en ella. Una institución muerta no provoca esto.
El día que nadie se levante de su silla, no por respeto sino porque ya nadie esté sentado, habrá que lamentar el cierre del único lugar donde los líderes podían hablar en común.