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Diario Expreso Ecuador

Narcotráfico fronterizo

En las fronteras de Bolivia, las mafias brasileñas expanden con violencia su poder

Las bandas disputan rutas del narcotráfico mientras el aumento de sicariatos y la falta de controles fluviales atemorizan a Guayaramerín

Vista aérea del parque Hernán Roca Casanovas en Guayaramerín, en la frontera entre Bolivia y Brasil, departamento de El Beni, Bolivia, el 12 de agosto de 2026.

Vista aérea del parque Hernán Roca Casanovas en Guayaramerín, en la frontera entre Bolivia y Brasil, departamento de El Beni, Bolivia, el 12 de agosto de 2026.AFP

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Lo que debes saber

  • Fácil cruce fronterizo: Cientos de lanchas navegan el río Mamoré sin ningún tipo de control migratorio.
  • Incursión de mafias: El PCC y el Comando Vermelho disputan rutas para enviar cocaína hacia el Atlántico.
  • Refuerzo de seguridad: El Gobierno lanzó un plan policial en fronteras e intercambio de datos con Brasil.

A orillas del fronterizo río Mamoré, decenas de viajantes suben y bajan de lanchas sin detenerse en el control migratorio de Guayaramerín, una de las puertas de entrada de las mafias brasileñas que expanden su violencia por Bolivia.

"Nunca nadie revisa" a los pasajeros, dice Donald Somoza, un albañil retirado de 75 años, en las cercanías del pequeño puerto amazónico que vive del comercio con Brasil.

La pequeña ciudad de 40.000 habitantes, con pistas de polvo rojizo que contrasta con el verdor de la selva, parece calma durante el intenso calor del día. Pero los lugareños denuncian una creciente inseguridad.

Según el gobierno boliviano, Guayaramerín, como otras localidades fronterizas de Bolivia, se ha convertido en "refugio" del Primeiro Comando da Capital (PCC) y del Comando Vermelho (CV), grupos armados brasileños enfrentados por el control de corredores para traficar cocaína hacia el Atlántico.

El avance del crimen organizado

  • Mafias brasileñas toman control: el PCC y Comando Vermelho dominan las rutas de cocaína.
  • Fin de la paz mafiosa: la antigua tolerancia estatal dio paso a una guerra territorial.
  • Bolivia sufre crímenes inéditos: sicariatos con 80 balazos, decapitaciones y matanzas.

Una docena de asesinatos atribuida a estas bandas sorprendió en las últimas semanas al país, donde es inusual ver crímenes tan feroces, entre ellos la matanza de una familia, el descubrimiento de cuerpos decapitados o el homicidio de un agente policial.

Somoza asegura que fue testigo de un sonado asesinato que estremeció a la población local semanas atrás: la víctima extranjera recibió más de 80 balazos en plena plaza de armas, por un presunto ajuste de cuentas del narcotráfico.

Esto es "un fenómeno bastante nuevo en Bolivia", un "país muy seguro hasta hace unos cuantos años", explica a la AFP el investigador Joaquín Chacín, especialista en crimen organizado.

Las bandas de narcotraficantes antes trabajaban con cierta permisividad del Estado, que no las enfrentaba para evitar un brote de violencia, mientras regía entre ellas una "paz mafiosa", dice. "Y esto se ha roto de alguna forma".

Personas llegan en barco a través del río Mamore en Guayaramerín, en la frontera entre Bolivia y Brasil, departamento de El Beni, Bolivia, el 11 de agosto de 2026.

Personas llegan en barco a través del río Mamore en Guayaramerín, en la frontera entre Bolivia y Brasil, departamento de El Beni, Bolivia, el 11 de agosto de 2026.AFP

"En las narices"

Ariana Roca, una maestra boliviana de 35 años, regresa con sus bolsas de compras tras cruzar el tranquilo río Mamoré. Llega de la ciudad brasileña de Guajará-Mirim, visible desde el lado boliviano.

Ahora hay delitos más "seguido" y "a veces pasan cosas hasta en las narices de los policías", dice a la AFP.

Entre enero y septiembre de 2025, se denunciaron 774 homicidios de todo tipo, frente a los 325 del mismo período del año anterior, según datos del Ministerio de Gobierno.

También crece una fuerte sensación de inseguridad por asaltos armados, secuestros y otras agresiones.

Inseguridad y vulnerabilidad fronteriza

  • Fronteras sin vigilancia estricta: cientos de viajeros cruzan el río Mamoré sin revisión.
  • Homicidios en alarmante aumento: los casos denunciados saltaron de 325 a 774 en un año.
  • Miedo en las calles locales: comerciantes sufren constantes asaltos armados y secuestros.

El cambista de divisas Adhemar Zapata, protegido del sol por una sombrilla, últimamente fue atacado dos veces por asaltantes, la última a inicios de agosto. Uno de ellos era brasileño, según las investigaciones.

El gobierno del presidente centroderechista Rodrigo Paz, que puso fin a 20 años de gobiernos socialistas de Evo Morales (2006-2019) y Luis Arce (2020-2025), acusa a sus predecesores de permitir la propagación de la criminalidad.

Según el Ministerio de Gobierno, desde el inicio de la gestión de Paz, en noviembre, se capturaron 17 capos de bandas delictivas internacionales.

Más policías

La semana pasada Paz lanzó en Guayaramerín un plan de seguridad para aumentar la presencia policial en las fronteras, intercambiar información de inteligencia con Brasil y capturar en ambos lados a criminales fugitivos.

Para Chacín, contingentes policiales en las fronteras pueden disuadir la violencia, pero el crimen organizado debe ser atacado en su estructura económica, hay que investigar cómo se lava el dinero y quién se enriquece.

"Hace falta un plan serio, pero no se escucha que se esté trabajando en algo así", dice.

Respuesta estatal y futuros desafíos

  • Nuevo plan gubernamental: la policía refuerza fronteras y captura a 17 capos criminales.
  • Crítica a la estrategia oficial: expertos exigen atacar el lavado de dinero del narco.
  • Futuro puente internacional: el proyecto traerá comercio, pero facilitará el paso a mafias.

Paz anunció además que en Guayaramerín se construirá un puente que unirá a Brasil con Bolivia, como parte de lo que será un corredor vial que llegue hasta el Pacífico, en Perú.

Muchos lugareños, como el cambista Zapata, están de acuerdo porque dinamizará el comercio, aunque también les genera preocupación.

"Las pandillas, las mafias de robo, pueden cruzar" con más facilidad, teme Yestin Durán, una comerciante de bebidas tropicales de 31 años.

El propio jefe policial de la localidad, el coronel Johnny Rivas, lo reconoce. La violencia "va a aumentar" y "nos va a exigir que aumentemos más efectivos", dice a la AFP.

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