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Diario Expreso Ecuador

Comunidad

Vivir en Los Ceibos y el privilegio de convivir al pie del Cerro Azul

Familias en esta zona defienden su gran calidad ambiental y un profundo arraigo con la reserva natural. Expertos destacan la calidad de vida que otorga

Las áreas verdes de Ceibos, y el hecho que colinda con Cerro Azul, hacen de vivir allí una experiencia placentera según sus residentes

Las áreas verdes de Ceibos, y el hecho que colinda con Cerro Azul, hacen de vivir allí una experiencia placentera según sus residentesFREDDY RODRÍGUEZ

Carlos Isaac Pino
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La mañana se anuncia con el canto de las aves y un rocío que realza el verde del Cerro Azul. Desde la ventana se percibe la tranquilidad que emana este gigante natural, encargado de purificar el aire de la ciudadela Los Ceibos y de cautivar a quienes eligen vivir junto a él.

Residentes disfrutan salir con sus mascotas en paseos matinales.

Residentes disfrutan salir con sus mascotas en paseos matinales.FREDDY RODRÍGUEZ

Desarrollo urbano y la protección del entorno

Este fragmento de la urbe, anclado en el noroeste de Guayaquil, escapa de los paisajes grises que predominan en otras zonas de la ciudad. Aquí, el contacto con el bosque seco tropical forma parte de la vida cotidiana y moldea la rutina, la salud y la convivencia de sus habitantes.

El arquitecto e historiador Javier Castillo explica que el desarrollo de Los Ceibos, surgido a inicios de la década del sesenta, siguió en sus orígenes un modelo similar al de la ‘ciudad-jardín’. A diferencia de zonas con cuadrículas rígidas, esta ciudadela creció con mayor libertad, adaptándose a la topografía del terreno. “La característica del barrio fue que se integró con la naturaleza. La vegetación estaba siempre integrada al desarrollo urbano”, detalla Castillo. Esa decisión de respetar el entorno originó la actual convivencia.

Su arbolado en calles principales armonizan el camino de los transeúntes y les brinda sombra.

Su arbolado en calles principales armonizan el camino de los transeúntes y les brinda sombra.FREDDY RODRÍGUEZ

Esa planificación derivó en beneficios tangibles para Guayaquil. Para la arquitecta y residente Elvira Plaza, el rol del cerro es insustituible. Ella detalla que gracias a esta elevación se forman las corrientes de aire que optimizan el clima del sector.

“Cerro Azul reduce la temperatura y limpia el aire; pero además nos deleita con sus maravillosas panorámicas”Elvira Plaza, residente de Los Ceibos.

Vista aérea de Los Ceibos, tomada desde Cerro Azul.

Vista aérea de Los Ceibos, tomada desde Cerro Azul.FREDDY RODRÍGUEZ

En una ciudad con déficit de áreas verdes, este cordón actúa como un regulador térmico. Plaza enfatiza su incalculable valor ecológico como hogar de especies como el papagayo.

Acuerdo ministerial abre la puerta a concesiones mineras

El pasado 6 de marzo de 2026, el Ministerio de Ambiente y Energía declaró las 880 hectáreas del ecosistema como Bosque y Vegetación Protector. Sin embargo, apenas 53 días después, la misma cartera de Estado emitió el Acuerdo Ministerial 0047, normativa que permite y regula las actividades extractivas de material pétreo y concesiones mineras en el área. Esta disposición generó el rechazo inmediato de los residentes de sectores aledaños, como Los Ceibos y Vía a la Costa, quienes denuncian una contradicción institucional.

Vivir al pie de la montaña transforma la visión de comunidad. Rebeca Loor, residente hace más de once años, afirma que la identidad del vecindario se construyó alrededor del cuidado del entorno. “Acciones como reciclar, sembrar árboles y proteger nuestro entorno han surgido de manera espontánea entre vecinos”, relata. A pesar de albergar a más de 30.000 habitantes, la naturaleza compartida sigue siendo su principal lazo de cohesión y sentido de pertenencia.

Algunas ciudadelas cerradas de Ceibos colindan con las faldas del cerro.

Algunas ciudadelas cerradas de Ceibos colindan con las faldas del cerro.FREDDY RODRÍGUEZ

Loor describe el privilegio visual de atestiguar los ciclos del ecosistema: “En meses secos, los árboles transforman sus tonos y desprenden su follaje. Con las lluvias, el verde cubre las laderas y la vida silvestre reaparece”. Es categórica respecto al futuro: “El verdadero progreso no debería evaluarse solo por los metros cuadrados de concreto que se levantan, sino por la capacidad de una ciudad para conservar aquello que mejora la vida de la gente”.

Ese apego territorial es compartido por Gia Vallaza, otra moradora. Para ella, coexistir con la cordillera y su exuberante riqueza hídrica, vegetal y animal representa “una perfecta simbiosis entre seres vivos”. Considera que compartir años de conexión con la naturaleza viva es la forma de asegurar la supervivencia mutua. “Si arrasamos con ella, estamos llegando al ocaso de nuestras propias vidas”, reflexiona con firme convicción.

En zonas como los alrededores del parque central de Los Ceibos, ciudadanos se sienten tranquilos de estar con sus celulares. Hay un UPC bien conservado por la comunidad.

En zonas como los alrededores del parque central de Los Ceibos, ciudadanos se sienten tranquilos de estar con sus celulares. Hay un UPC bien conservado por la comunidad.FREDDY RODRÍGUEZ

El sustento científico de la calidad ambiental

Detrás del confort ciudadano y del aire fresco existe un sólido sustento científico. Julián Pérez Correa, docente investigador de la ESPOL, señala que la preservación vegetal en Los Ceibos ha permitido mantener una biodiversidad funcional en plena urbe. “La facilidad de poder conectar con organismos que generalmente no se observan en una ciudad es fascinante y es una de sus fortalezas más importantes”, afirma.

Pérez destaca que los beneficios superan ampliamente lo estético. “Las áreas verdes funcionan como retenedores de material particulado y son aislantes naturales de ruido”, explica. Además, evidencia que el contacto constante con este vasto ecosistema mejora la calidad de vida y la salud mental.

Para sostener este delicado equilibrio a largo plazo, el experto sugiere una acción técnica directa desde los hogares: fortalecer los corredores ecológicos barriales, priorizando especies nativas del bosque seco tropical en los jardines. “Al estar adaptadas al clima, se reducen costos de mantenimiento y se genera un sistema mucho más amigable con la fauna local”, concluye. Es la fórmula técnica comprobada para que el gigante verde siga purificando el aire y marcando el latido diario de los residentes en Los Ceibos.

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