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Diario Expreso Ecuador

teatro

Guayaquil, quiero el divorcio: la obra que retrata el amor y las contradicciones de ser guayaquileño

Entre el humor y crítica social, Guayaquil, quiero el divorcio retrata esa relación de amor y reclamo que une a los guayaquileños con su ciudad

El elenco de Guayaquil, quiero el divorcio lleva a las tablas una comedia que celebra, cuestiona y rinde homenaje a la esencia guayaquileña.

El elenco de Guayaquil, quiero el divorcio lleva a las tablas una comedia que celebra, cuestiona y rinde homenaje a la esencia guayaquileña.CORTESÍA

Vanessa Tapia
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Lo que debes saber

  • Guayaquil, quiero el divorcio regresa al Teatro Sánchez Aguilar con una propuesta que mezcla humor, romance y crítica social para hablar de la compleja relación entre los guayaquileños y su ciudad.
  • A través de una historia cargada de emoción y sátira, la obra invita a reflexionar sobre aquello que nos hace reclamarle a Guayaquil, pero también amarla profundamente.
  • Jesús Díaz, creador de la idea original y protagonista de la puesta en escena, asegura que el "divorcio" es solo una metáfora para recordar que, a veces, reclamar también es una forma de querer.

En las madrugadas el frío nos anima a acurrucarnos entre las sábanas y durante el día el calor es tan intenso que no da tregua. Vivimos esquivando el tráfico, renegando de los baches, soportando la humedad y discutiendo cuál es el mejor encebollado o bolón de la ciudad. Esa dualidad inspira ‘Guayaquil, quiero el divorcio’, una obra que, durante el mes de las fiestas julianas, invita a mirar la ciudad desde una perspectiva distinta. Y entre el humor, la emoción y la sátira, recuerda que, a veces, reclamar también puede ser una forma de amar. 

La Perla es la protagonista

Lejos de contar una historia de separación, ‘Guayaquil, quiero el divorcio’ plantea una conversación entre la ciudad y los ‘guayacos’. En esta comedia contemporánea, romántica y satírica, Guayaquil cobra vida en uno de los personajes principales para reclamar, cuestionar y confrontar a quienes alguna vez han pensado en marcharse, recordándoles por qué resulta tan difícil olvidarla.

La idea original de la obra nació hace cerca de diez años de la mano de Jesús Díaz, quien también forma parte del elenco principal. Y con la reestructuración dramatúrgica de Luis Mayorga, la puesta en escena utiliza el humor para abordar situaciones cotidianas de los guayaquileños, sin dejar de celebrar aquello que hace única a la ciudad y a su gente.

El talento detrás

Junto a Jesús, la puesta en escena reúne a Valeska Kristina, Magda Salinas, Andrés Alvarado y Joseph Haz, quienes dan vida a los distintos personajes que acompañan esta historia. Bajo la dirección de Mayorga, el elenco combina humor, emoción y cercanía para conectar con el público en cada función.

¿Cómo resumirías la obra?

Jesús: Como una carta de amor y de reclamo al mismo tiempo. Es el grito de un guayaquileño que ama a su ciudad con el alma, pero que también está cansado de problemas como la corrupción, el abandono y la indiferencia. Le pide el “divorcio” porque le duele verla mal, aunque, en el fondo, lo que realmente quiere es salvarla. Es reír, llorar y reconocer a Guayaquil en cada escena. Es teatro, es denuncia y es esperanza.

¿Qué significa para ti formar parte de esta obra?

Jesús: Lo que más me gusta es el reencuentro con la gente en cada función. Llevo cinco años haciéndola y el público cambia, pero el sentimiento es el mismo. Me gusta ser la voz de lo que mucha gente piensa pero no dice. Cuando alguien sale del teatro y me dice “me hiciste llorar porque es verdad”, ahí entiendo por qué sigo. Es un honor representar a mi gente.

¿Por qué le pedirías el divorcio a Guayaquil?

Jesús: Se lo pediría por lo mismo que se le pide el divorcio a alguien que amas: porque te duele. Le pediría el divorcio por las calles llenas de huecos, por la inseguridad, por ver tanta gente buena que se tiene que ir, por los políticos que solo se acuerdan de Guayaquil en campaña. Pero ojo: pedir el divorcio no es dejar de amar. Es todo lo contrario. Es decir: “despierta, porque te amo demasiado para dejarte así”.

¿Qué hace que vuelvas a enamorarte de ella?

Jesús: Su gente. El guayaquileño es luchador, vacilón y solidario. Amo el Malecón, los desfiles, la ciudad de noche, el encebollado a las tres de la mañana y ese “ya pues, ¿dónde?” que forma parte de nuestra manera de hablar. También me enamora ver cómo, a pesar de todo, Guayaquil siempre vuelve a levantarse. Cada vez que piso el escenario y escucho al público reír, aplaudir y reaccionar con ese acento tan nuestro, vuelvo a enamorarme. Guayaquil es difícil, pero es mi Guayaquil.

¿Por qué nadie debería perdérsela?

Jesús: Porque esta obra no me pertenece solo a mí, sino a todos los guayaquileños. Es una invitación a reírnos de nosotros mismos, emocionarnos con lo que nos duele y salir del teatro con ganas de hacer algo por nuestra ciudad. Si eres guayaquileño, seguramente te sentirás identificado. Y si no eres de aquí, podrás entender por qué somos capaces de amar y reclamarle a esta ciudad al mismo tiempo. Los invito a pasar una noche diferente, a enamorarse de Guayaquil y también a reclamarle conmigo.

Debe saber

  • Se presenta en el Teatro Sánchez Aguilar.
  • Las próximas funciones son el miércoles 22 y 29 de julio.
  • Inicia a las 20h00.
  • La tiene tiene un valor de $ 20 y es 2x1.
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